domingo, 24 de julio de 2011

Influencias

Nos coaccionan. Nos impiden desarrollarnos. Nos condicionan. Un ejemplo: imaginemos un niño que vive perdido en lo más profundo de las selvas del Congo y que por azares de la fortuna, tiene acceso a unas pinturas y a unos cuantos papeles. Digamos que comienza a pinta cuadros de estilo cubista, que (por mera casualidad, que no causalidad) tienen un mínimo parecido con los de Pablo Ruiz Picasso. (Matización: donde escribo Pablo Ruiz Picasso, léase el artista que más rabia dé.) La conclusión más probable será que ha tenido alguna influencia del pintor malagueño y no le daremos ningún crédito. Nunca le concederemos la originalidad. Ya no.

No va a salir ningún Juan Manuel de Falla, ni ningún Miguel de Cervantes. No lo vamos a permitir. Hemos decidido que la creación está muerta (al igual que la otra Creación). Todo ello me sume en un mar de dudas: ¿debo seguir leyendo?¿ver películas?¿contemplar pinturas?¿no estaré perdiendo mi primigenia personalidad?¿importa esa pérdida?...


Vaya tela marinera. Creo que me voy a quedar por deseo (y por mi incapacidad para crear, lo reconozco) bajo el manto de la cómoda monotonía.