jueves, 16 de marzo de 2023

No puedes darme lo que quiero

- No puedes darme lo que quiero.

- No sabes lo que puedo darte. Prueba.

Ella le mira sonriendo con los ojos. Los labios fruncidos en un mohín juguetón. Él le devuelve la mirada serio, pensativo.

- No lo entiendes. No estoy pensando en un beso... 

Ella sigue con las manos en los vaqueros en actitud relajada. No se asusta de lo que oye. Él aprovecha la pequeña pausa y reordena rápidamente sus ideas.

- No me malinterpretes, me encantaría poder besarte, abrazarte, sentirte, olerte. Sueño con irnos a la cama y saciarme de ti. Quiero besar cada uno de tus rincones y que me pidas que busque más. Y estoy seguro de que durante un tiempo podría funcionar.

Ahora ella le escucha con interés. Se pregunta por qué tanta sinceridad. Él continúa.

- Pero eso no es suficiente. Yo querría más. Me encanta cómo eres: tu risa, tu forma de ser, tus bromas, tus gestos. Todo. Y me gustaría que sonrieses cuando veas que te llamo al móvil, que te pusieses nerviosa al oír las llaves en la cerradura y verte feliz al despertar a mi lado. Que compartiésemos todo: miedos, alegrías y secretos. Pero todo esto no va a ser así...

Otra pausa.

- Llevamos años en el mismo grupo de amigos y cada uno hemos tenido nuestras parejas. Lo que pasa es que yo hace ya tiempo que no me fijo en nadie más, mientras que yo a ti no te he interesado nunca.

Ella amaga con protestar, pero él continúa con cierta tristeza:

- No pasa nada, no es malo. Es la verdad. Quizá ahora te llame la atención, pero es momentáneo. Es un calentón. Pasará...

- Eso no lo sabes - ella le coge las manos y continúa atropelladamente - Hasta hace poco no nos hemos dado ni la oportunidad de conocernos. Yo pensaba que eras un maldito chulo y tú que yo era una borde. ¡Me lo dijiste ayer mismo! Pero estos días me ha encantado tu forma de ser, tu buen humor, tu sonrisa. Quiero seguir conociéndote. 

Ella suspira nerviosa.

- ¿Lo intentamos?

Le apremia con la mirada. Él esboza media sonrisa.

- Maldita sea. Podría haberme callado, no pensar más allá y conseguir lo que llevo mucho tiempo deseando. Pero, como te he dicho, no puedes darme lo que quiero. Prefiero no tenerte nunca a soñar con la posibilidad de tenerte siempre y despertar.

martes, 3 de enero de 2023

Papá, tengo un problema

- Papá, tengo un problema. 

Es la frase de Santiago, de tres años, desde el cuarto de baño. Al escucharla se me pasan varias cosas en tropel por la cabeza y ninguna de ellas me tranquiliza demasiado. Los antecedentes no son alentadores. 

Hace un mes, cinco minutos después de dejarle sentado en la taza del váter, empecé a oír correr el agua del lavabo. Le di 30 segundos más y al ver que no cerraba el grifo, decidí entrar corroído por la curiosidad. Mi pequeño estaba de puntillas en el lavabo, pantalones por los tobillos, tratando de limpiarse sus manitas de esa sustancia marrón que nuestro cuerpo ya no necesita: mierda. También estaba en su culo, en la taza del váter, el lavabo, el grifo,... Todo muy desagradable, pero tierno (no la mierda, que también, si no la situación). Sin problema: ducha del enano, limpieza del baño y todo quedó en una anécdota.

El mayor ha sido (y es) menos trasto, pero también tiene su episodio escatológico. La lección que aprendimos fue que dejar que los niños lleven juguetes al baño puede llevarte a tener que coger su coche favorito del fondo y tocar cosas que no creeríais (parafraseando al bueno de Roy Batty).

Total, que salgo de la cocina y miro hacia el salón. Mi mujer me dedica una sonrisa entre divertida y burlona. Ella está dando de mamar al bebé y sabe que está fuera de la ecuación. Medio masculla un "buena suerte" y sonríe. Giro hacia el baño y en esos tres metros escasos desde puerta de la cocina al cuarto de baño hay cierto miedo a lo conocido y mucha imaginación que vuela libre. Sólo pienso en que estaba haciendo la comida y que voy a tener que limpiar(me) pero que muy bien todo. Por fin ante la puerta. Cojo aire, me impongo una sonrisa y abro.

- ¿Me coges el libro? Se me ha caído.