martes, 3 de enero de 2023

Papá, tengo un problema

- Papá, tengo un problema. 

Es la frase de Santiago, de tres años, desde el cuarto de baño. Al escucharla se me pasan varias cosas en tropel por la cabeza y ninguna de ellas me tranquiliza demasiado. Los antecedentes no son alentadores. 

Hace un mes, cinco minutos después de dejarle sentado en la taza del váter, empecé a oír correr el agua del lavabo. Le di 30 segundos más y al ver que no cerraba el grifo, decidí entrar corroído por la curiosidad. Mi pequeño estaba de puntillas en el lavabo, pantalones por los tobillos, tratando de limpiarse sus manitas de esa sustancia marrón que nuestro cuerpo ya no necesita: mierda. También estaba en su culo, en la taza del váter, el lavabo, el grifo,... Todo muy desagradable, pero tierno (no la mierda, que también, si no la situación). Sin problema: ducha del enano, limpieza del baño y todo quedó en una anécdota.

El mayor ha sido (y es) menos trasto, pero también tiene su episodio escatológico. La lección que aprendimos fue que dejar que los niños lleven juguetes al baño puede llevarte a tener que coger su coche favorito del fondo y tocar cosas que no creeríais (parafraseando al bueno de Roy Batty).

Total, que salgo de la cocina y miro hacia el salón. Mi mujer me dedica una sonrisa entre divertida y burlona. Ella está dando de mamar al bebé y sabe que está fuera de la ecuación. Medio masculla un "buena suerte" y sonríe. Giro hacia el baño y en esos tres metros escasos desde puerta de la cocina al cuarto de baño hay cierto miedo a lo conocido y mucha imaginación que vuela libre. Sólo pienso en que estaba haciendo la comida y que voy a tener que limpiar(me) pero que muy bien todo. Por fin ante la puerta. Cojo aire, me impongo una sonrisa y abro.

- ¿Me coges el libro? Se me ha caído.