lunes, 15 de diciembre de 2014

Zanzíbar

¿Que por qué se merece una entrada? Por sus playas de arena blanca, por sus aguas color turquesa, porque es la isla donde nació Freddie Mercury, porque es otro trozo de Paraíso en África...
  
Nada más bajar del avión, nos encontramos con la pista anegada de agua. Dos dedos por lo menos. "Buen presagio" me digo. Alquilamos un todoterreno, Myriam se pone al volante y hacia el sudeste que vamos. No hay una sola señal en toda la isla, pero por ciencia infusa llegamos a la playa. Se llamaba Paje y era kilométrica. Arena fina, finísima ("como harina" la definió la buena de mi madre). Nuestro bungalow estaba en la misma playa, a 30 metros del agua. No se veía un alma (bueno, sólo un par de vacas como veis en una de las fotos). Como sitio para relajarse era espectacular. Al día siguiente hicimos un poco (bastante) el canelo y quisimos ir andando mar adentro hasta un arrecife de coral. Tres horas después volvimos a la playa quemados por el sol, pinchados (yo) por un erizo de mar y sin haber logrado llegar al arrecife... Pero bueno, me tomé un Dawa (vodka, lima y miel) y me recuperé. 


Después de un par de días más de relax cogimos el coche de nuevo y nos dirigimos hacia el norte, hacia una playa llamada Kendwa. Para ello tuvimos que atravesar toda la isla y y comprobamos que la vegetación era exuberante por todo el interior de la isla (también pagamos un soborno a un policía, pero vamos, nada nuevo). La playa de Kendwa también era muy chula: la marea no bajaba tanto y el agua estaba tan caliente que no querías salir. A diferencia de la otra playa, esta tenía mucho más ambiente: estaba lleno de chavales y chavalas luciendo palmito y postureando a tope (yo era el más viejo, ¡no digo más!). Luego nos dimos cuenta que la segunda noche coincidía con una "Full Moon Party". Pero vamos, como bien dijo una amiga mía sevillana: "El Carranza, en Cádiz, es lo mismo". ¿Que en qué consiste? Pues en música, copas, acrobacias con fuego, playa, cachimbas, cócteles, bañadores y bikinis. En definitiva, que no hace falta irte a playas paradisíacas para hacer esto...


Nuestros últimos dos días los pasamos en la capital, Stone Town (bueno, realmente la capital se llama Zanzíbar, la isla Unguja y la parte vieja Stone Town, pero da igual). Lo más destacado de este último viaje con el coche es que al llegar casi morimos ahogados (aquí cuando llueve, lo hace a mares). Y además, cuando estábamos a punto de adelantar a un ciclista un coche que venía en sentido contrario nos echó una ola encima (sí, eso era una maldita ola). Por un momento nos quedamos a ciegas. Yo grité aquello de "Frenaaaaa!!!", pero Myriam ni pestañeó. La ola pasó, el ciclista seguía por allí pedaleando y nosotros vivitos y coleando (luego Myriam me confesó que le había dado un pequeño infarto, pero vaya temple tuvo la tía...). Bueno, al lío. La ciudad nos encantó. Las calles son muy estrechas, las casas de piedra (algunas incluso de coral) y las puertas de las casas eran obras de arte hechas de madera. Lo mejor era pasear, perderse por las calles, y de repente encontrarse un rincón donde la gente se reunía para hablar de política, para fumar o para jugar al dominó. Por supuesto que había un poco de suciedad y los zanzibarís intentaban venderte miles de cosas a cada paso, pero nos pareció una gozada...


Besos y abrazos para todos!

P.D.: Dawa (la bebida que me tomé en la primera playa) significa medicina en suajili... Estos sí que saben.

martes, 9 de diciembre de 2014

Uko wapi?

Bueno familia, ya se va acabando la aventura... 


Cuando los padres de Myriam estaban por aquí, se nos ocurrió hacer una de las cosas más turísticas que se pueden hacer en Nairobi: ir al Carnivore. ¿Que qué es el Carnivore? Pues es uno de los restaurantes más famosos del mundo donde te sirven toda la carne que tu quieras y de todo tipo: pollo, cerdo, ternera, pavo, cordero, buey... La gracia es que también puedes comer carne de avestruz o de cocodrilo (al parecer hace 10 años te podías comer carne de cebra, ñú y no sé qué más). En 2003 incluso fue catalogado como el 47 mejor restaurante del mundo.... Pero vamos, una exageración de carne más o menos buena, mucho espectáculo y poco más. 


Esta vez toca hablar un poco de España, lo español y demás. Lo primero es que Myriam ha estado bastante ocupada en los últimos meses organizando los actos culturales de la Embajada de España en Kenia: la "Noche Española" en un festival de cine de mujeres, parte del festival cultural de Lamu y un concierto de flamenco en Nairobi. Este último fue curioso porque al guitarrista le gustaba fusionar estilos y allí tuvimos a una bailaora de flamenco japonesa, a dos kenianos medio desnudos bailando y aporreando un tambor e incluso una bailarina hindú. Como veis, typical spanish... 

Otra cosa que quería comentar es la increíble cantidad de kenianos que quieren aprender español. Al parecer, crear un Instituto Cervantes en un país es mucho politiqueo, influencias y demás, pero es que no entiendo como todavía no hay uno por la zona... Cuando pusimos la película (Blancanieves) en el festival del que os he hablado la sala se llenó hasta la bandera de gente. Hay un potencial brutal, pero no sabemos aprovecharlo... 

En relación con esto, hace tres semanas fuimos a una fiesta organizada por un chileno. Allí había mucha gente y casi todos sudamericanos (chilenos, mexicanos, venezolanos, colombianos,...). Me sorprendió que nos dijeran que su cultura estaba definida por lo español, pero es que hubo una cosa que me dejó fuera de combate. La gente iba poniendo canciones en un ordenador para bailar y tal. Bueno, pues le llegó el turno a un español y puso "Un beso y una flor" de Nino Bravo. Ver a todos los invitados, a todos, cantándola a grito pelado me dejó trastocado cuanto menos... 


Otra tontería, mi nombre arrasa entre las kenianas. Así es la vida. El caso es que estuvimos en un cóctel en la Alianza Francesa y uno de los compañeros de trabajo de Myriam, un keniano, cada dos por tres me presentaba a una chica diciendo: "Este es Alejandro. Un verdadero Alejandro" y a la keniana en cuestión se le escapaban risitas. Menos mal que ya sabía de que iba el rollo y las vacilaba con cosas como "Yeah, I'm very macho, very latino"... Al parecer en Kenia triunfan las telenovelas sudamericanas y hay una muy famosa con un Alejandro como protagonista... En fin, muy lamentable todo. 


Bueno, por último deciros que hace poco tuve otra de esas conversaciones interesantes con kenianos. Este era especial, el chico había estudiado 6 años en Cuba y había vuelto hacía menos de tres meses. Claro, el choque había sido grande y el hombre me decía que en Cuba la sanidad, la educación y la vivienda eran gratis y que no se veía pobreza extrema por la calle. El (pequeño) punto en contra es que no hay libertad política. A su vuelta a Kenia, había visto pobreza extrema, enormes diferencias entre ricos y pobres, pero libertad política. Y ahí le dejé pensativo y confundido, tan confundido que quiere irse a España a hacer un Máster en Ciencias del Deporte... 


Curiosidades varias: 

- Volviendo de la oficina en taxi, se nos para una señora al lado, ve que somos blancos y nos pide 200 chelines para gasolina... Si cuela, cuela y si no, me la pela... (con perdón). 
- El otro día, mientras comíamos en un restaurante, vimos como un grupo de gente atrapó a un ladrón, lo ataron de pies y manos (como a una ternera) y lo metieron en los asientos de atrás de un coche... Aquí la justicia la imparte la muchedumbre. A saber qué paso con él... 


Besos y abrazos para todos. 


P.D.: "Uko wapi?" significa "¿Dónde estás?". Y he ahí la cuestión, ¿a dónde nos hemos ido esta vez Myriam y yo?.....

lunes, 1 de diciembre de 2014

Uganda

¿Que por qué se merece una entradal? Porque es la "Perla de África" (como dijo Winston Churchill), porque es un oasis verde en el corazón de África, porque es el país que sufrió a Idi Amin, ...

Nada más aterrizar de buena mañana en las orillas del Lago Victoria (el segundo lago más grande del mundo), nos escanearon a todos los pasajeros para asegurarse de que ninguno llegábamos enfermos de ébola. No me extraña que tomen estas precauciones, porque como la epidemia llegue a Uganda, están listos de papeles (qué manera de sobarse y tocarse al saludar)...En fin, seamos optimistas.


Bueno, al salir nos esperaba una furgoneta y 10 horas de viaje hasta llegar a las montañas del oeste del país. Menos mal que el país es precioso, porque menuda paliza. Del viaje, aparte del paisaje (el país entero es tan verde como el norte de España), me quedo con la anécdota de que cuando hicimos una parada para repostar en un pueblo a 5 kilómetros de la frontera del Congo, una niña pequeña se puso a llorar y a correr hacia su mamá porque le dimos miedo Myriam y yo. Es lo que tiene ser blancos...Total, que llegamos a Bwindi ya de noche y a la cama que fuimos.


A las 5:30 nos levantamos y nos dirigimos al Bosque Impenetrable. Sí, suena pomposo, lo sé, pero es que realmente lo era. Selva monda y lironda, de las que has de utilizar un machete para abrirte camino. A la media hora de empezar a caminar, y sin previo aviso, nos encontramos con un Gorila de Montaña, un Silverback (o Espalda Plateada). El tío estaba comiendo, sentado tranquilamente, cuando aparecen los humanos para molestarle y hacerle fotos. A los dos minutos dijo basta, se levantó, se golpeó el pecho con los puños (sí, de la manera en que todos imagináis) y se fue ladera abajo. En el mismo instante en que se puso de pie, creo que a todos se nos encogió el corazón (o nos cagamos, como prefiráis). Pero es que, a pesar de no ser muy grandes (el más grande mediría 1,65), son 200 kilos de puro músculo...Ojo.


Algo acongojados, empezamos a bajar lentamente por la ladera siguiendo el rastro del macho y fue entonces cuando nos encontramos al resto de la familia. Eran 22, incluyendo tres crías que no paraban de dar saltos de un sitio a otro. Durante la hora que estuvimos con ellos, los animales estuvieron muy tranquilos y apenas mostraban la más mínima inquietud por nosotros. Tanto es así, que incluso alguno estaba tumbado en la maleza mientras comía. En mi opinión, la mitad del encanto era la selva: verde, densa, húmeda, agobiante. A cada paso te hundías en la maleza y tenías que apartar a manotazos las miles de ramas que había en tu camino. 

Todo depende de lo que te gusten los animales, pero la experiencia de verles comer, jugar, gruñirse y balancearse por las ramas, en su hábitat y tratando de alterarles lo menos posible, es única. 


Aparte de ver a los gorilas, estuve trabajando tres días en Kampala y he de decir que los ugandeses son gente muy amable. Sufrieron la barbarie de Idi Amin y son pobres hasta decir basta, pero intentan salir adelante de forma honrada. Un ejemplo de ello fue nuestro encuentro con la policía ugandesa. No sé si os lo había dicho antes, pero en Kenia la policía es muy corrupta y siempre que puede para a la gente para pedir dinero (hayan hecho una pirula o no). Bueno, pues a mitad de camino entre las montañas y Kampala, nos para un policía y se da la siguiente conversación con nuestro conductor:

Policía: - ¿Qué tal está su permiso de conducir? ¿Lo tiene en regla?
Conductor: - Sí, sí, está perfecto.
P.: - ¿Seguro que sí? ¿Es usted una persona de confianza? ¿Me puedo puedo fiar?
C.: - Claro que sí. Compruébelo si quiere.
P.: - No, no. Me fío de usted. Puede continuar.

Esta amabilidad y confianza ni en España, oye. Vaya tela. 


Curiosidades ugandesas:
- Muamar el Gadafi fletaba aviones casi a diario sólo para comprar fruta fresca en Uganda. Ahí queda eso.
- Si a los kenianos les gusta el fútbol, a los ugandeses les apasiona. Coincidimos con un partido del Arsenal y la ciudad entera se paralizó. ¿Sabrán estos tíos la influencia que tienen por todo el mundo?
- Había motos a tuti. Un verdadero enjambre. No llegará a las cotas de las ciudades asiáticas, pero el tráfico era tal caos que los conductores de los matatus tenían los motores apagados porque sabían que la cosa iba para (muy) largo.





Bueno, besos y abrazos para todos!