¿Que
por qué se merece una entrada? Por sus playas de arena blanca, por sus aguas
color turquesa, porque es la isla donde nació Freddie Mercury, porque es otro
trozo de Paraíso en África...
Nada
más bajar del avión, nos encontramos con la pista anegada de agua. Dos dedos
por lo menos. "Buen presagio" me digo. Alquilamos un
todoterreno, Myriam se pone al volante y hacia el sudeste que vamos. No
hay una sola señal en toda la isla, pero por ciencia infusa llegamos a la
playa. Se llamaba Paje y era kilométrica. Arena fina, finísima ("como
harina" la definió la buena de mi madre). Nuestro bungalow estaba
en la misma playa, a 30 metros del agua. No se veía un alma (bueno, sólo un par
de vacas como veis en una de las fotos). Como sitio para relajarse era
espectacular. Al día siguiente hicimos un poco (bastante) el canelo y quisimos
ir andando mar adentro hasta un arrecife de coral. Tres horas después volvimos
a la playa quemados por el sol, pinchados (yo) por un erizo de mar y sin haber
logrado llegar al arrecife... Pero bueno, me tomé un Dawa (vodka,
lima y miel) y me recuperé.
Después
de un par de días más de relax cogimos el coche de nuevo y nos dirigimos hacia
el norte, hacia una playa llamada Kendwa. Para ello tuvimos que atravesar toda
la isla y y comprobamos que la vegetación era exuberante por todo el interior
de la isla (también pagamos un soborno a un policía, pero vamos, nada nuevo).
La playa de Kendwa también era muy chula: la marea no bajaba tanto y el
agua estaba tan caliente que no querías salir. A diferencia de la otra playa,
esta tenía mucho más ambiente: estaba lleno de chavales y chavalas luciendo
palmito y postureando a tope (yo era el más viejo, ¡no digo
más!). Luego nos dimos cuenta que la segunda noche coincidía con una
"Full Moon Party". Pero vamos, como bien dijo una amiga mía sevillana: "El Carranza, en Cádiz, es lo mismo". ¿Que en qué
consiste? Pues en música, copas, acrobacias con fuego, playa, cachimbas, cócteles, bañadores
y bikinis. En definitiva, que no hace falta irte a playas paradisíacas
para hacer esto...
Nuestros
últimos dos días los pasamos en la capital, Stone Town (bueno,
realmente la capital se llama Zanzíbar, la isla Unguja y la parte vieja Stone
Town, pero da igual). Lo más destacado de este último viaje con el coche es que
al llegar casi morimos ahogados (aquí cuando llueve, lo hace a mares). Y además,
cuando estábamos a punto de adelantar a un ciclista un coche que venía en
sentido contrario nos echó una ola encima (sí, eso era una maldita ola). Por un
momento nos quedamos a ciegas. Yo grité aquello de "Frenaaaaa!!!",
pero Myriam ni pestañeó. La ola pasó, el ciclista seguía por allí pedaleando y
nosotros vivitos y coleando (luego Myriam me confesó que le había dado un
pequeño infarto, pero vaya temple tuvo la tía...). Bueno, al lío. La
ciudad nos encantó. Las calles son muy estrechas, las casas de piedra (algunas
incluso de coral) y las puertas de las casas eran obras de arte hechas de
madera. Lo mejor era pasear, perderse por las calles, y de repente encontrarse
un rincón donde la gente se reunía para hablar de política, para fumar o para
jugar al dominó. Por supuesto que había un poco de suciedad y los zanzibarís
intentaban venderte miles de cosas a cada paso, pero nos pareció una gozada...
Besos
y abrazos para todos!
P.D.: Dawa (la
bebida que me tomé en la primera playa) significa medicina en suajili... Estos
sí que saben.