¿Que
por qué se merece una entradal? Porque es la "Perla de África" (como
dijo Winston Churchill), porque es un oasis verde en el corazón de África,
porque es el país que sufrió a Idi Amin, ...
Nada
más aterrizar de buena mañana en las orillas del Lago Victoria (el segundo lago
más grande del mundo), nos escanearon a todos los pasajeros para asegurarse de
que ninguno llegábamos enfermos de ébola. No me extraña que tomen estas
precauciones, porque como la epidemia llegue a Uganda, están listos de papeles (qué
manera de sobarse y tocarse al saludar)...En fin, seamos optimistas.
Bueno, al salir nos esperaba una furgoneta y 10 horas de viaje hasta llegar a las montañas del oeste del país. Menos mal que el país es precioso, porque menuda paliza. Del viaje, aparte del paisaje (el país entero es tan verde como el norte de España), me quedo con la anécdota de que cuando hicimos una parada para repostar en un pueblo a 5 kilómetros de la frontera del Congo, una niña pequeña se puso a llorar y a correr hacia su mamá porque le dimos miedo Myriam y yo. Es lo que tiene ser blancos...Total, que llegamos a Bwindi ya de noche y a la cama que fuimos.
A
las 5:30 nos levantamos y nos dirigimos al Bosque Impenetrable. Sí, suena
pomposo, lo sé, pero es que realmente lo era. Selva monda y lironda, de las que
has de utilizar un machete para abrirte camino. A la media hora de empezar
a caminar, y sin previo aviso, nos encontramos con un Gorila de Montaña, un Silverback (o
Espalda Plateada). El tío estaba comiendo, sentado tranquilamente, cuando
aparecen los humanos para molestarle y hacerle fotos. A los dos minutos dijo
basta, se levantó, se golpeó el pecho con los puños (sí, de la manera en que
todos imagináis) y se fue ladera abajo. En el mismo instante en que se puso de
pie, creo que a todos se nos encogió el corazón (o nos cagamos, como
prefiráis). Pero es que, a pesar de no ser muy grandes (el más grande mediría 1,65), son 200 kilos de puro músculo...Ojo.
Algo
acongojados, empezamos a bajar lentamente por la ladera siguiendo el rastro del
macho y fue entonces cuando nos encontramos al resto de la familia. Eran 22,
incluyendo tres crías que no paraban de dar saltos de un sitio a otro. Durante
la hora que estuvimos con ellos, los animales estuvieron muy tranquilos y
apenas mostraban la más mínima inquietud por nosotros. Tanto es así, que
incluso alguno estaba tumbado en la maleza mientras comía. En mi opinión,
la mitad del encanto era la selva: verde, densa, húmeda, agobiante. A cada paso
te hundías en la maleza y tenías que apartar a manotazos las miles de ramas que
había en tu camino.
Todo
depende de lo que te gusten los animales, pero la experiencia de verles
comer, jugar, gruñirse y balancearse por las ramas, en su hábitat y tratando de
alterarles lo menos posible, es única.
Aparte
de ver a los gorilas, estuve trabajando tres días en Kampala y he de decir que
los ugandeses son gente muy amable. Sufrieron la barbarie de Idi Amin y son
pobres hasta decir basta, pero intentan salir adelante de forma honrada. Un
ejemplo de ello fue nuestro encuentro con la policía ugandesa. No sé si os lo
había dicho antes, pero en Kenia la policía es muy corrupta y siempre que puede
para a la gente para pedir dinero (hayan hecho una pirula o no). Bueno, pues a
mitad de camino entre las montañas y Kampala, nos para un policía y se da la
siguiente conversación con nuestro conductor:
Policía:
- ¿Qué tal está su permiso de conducir? ¿Lo tiene en regla?
Conductor:
- Sí, sí, está perfecto.
P.:
- ¿Seguro que sí? ¿Es usted una persona de confianza? ¿Me puedo puedo fiar?
C.:
- Claro que sí. Compruébelo si quiere.
P.:
- No, no. Me fío de usted. Puede continuar.
Esta
amabilidad y confianza ni en España, oye. Vaya tela.
Curiosidades
ugandesas:
-
Muamar el Gadafi fletaba aviones casi a diario sólo para comprar fruta fresca
en Uganda. Ahí queda eso.
-
Si a los kenianos les gusta el fútbol, a los ugandeses les apasiona.
Coincidimos con un partido del Arsenal y la ciudad entera se paralizó. ¿Sabrán
estos tíos la influencia que tienen por todo el mundo?
-
Había motos a tuti. Un verdadero enjambre. No llegará a las cotas de las
ciudades asiáticas, pero el tráfico era tal caos que los conductores de los matatus tenían
los motores apagados porque sabían que la cosa iba para (muy) largo.
Bueno,
besos y abrazos para todos!
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