El paso de la frontera entre Grecia y Turquía tiene aroma antiguo. Alambradas, focos, armas, soldados,...para la mayoría de los europeos, afortunadamente, son cosas que pertenecen a un pasado algo lejano ya, oscuro, nebuloso cuanto menos. Doy gracias (no sé a quien, pero las doy) de poder moverme libremente, de olvidarme de aduanas, pasaportes, visados y revisiones de equipaje. Y agradezco todavía más, lograr (en contadísimas ocasiones) dejar de ser turista y sentir que no eres un extraño.
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