El último alma humana seguía buscando,
infatigable, desesperadamente. La soledad emocional a la que se hallaba
sometida la estaban dejado yerma, inútil para la vida. Quería algo más que esos
borregos autómatas con los que se cruzaba a diario...y lo había encontrado.
Había durado lo que un suspiro, pero dos ojos verdes le habían dicho que no se
equivocaba, que su búsqueda no era infructuosa. Su afán por no conformarse, por
seguir aprendiendo eran compartidos...La noticia le pilló por sorpresa, pero
sabía que tendría que volver, día tras día, a aquella anodina estación buscando
ese tesoro de esmeraldas que le habían hecho volver a ser un pirata emocional...
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