viernes, 26 de septiembre de 2014

Apana, apana, apana

Eo!, ha pasado casi ha pasado un mes sin que os dé la morga...

Se nos ocurrió visitar el Masai Market (ideado para turistas). Fueron tan pesados que se ganaron a pulso que titulara este mail gracias a ellos. "Apana" significa "No". Es más, pesados se queda corto: no dejaban de hablarte, de tocarte, de ofrecerte de todo, de cogerte de la mano e, incluso, nos empezaron a "escoltar" (dos delante y dos detrás) para decirnos donde comprar y donde no. Ya sabéis la fama que arrastro. Me paré, miré a uno a los ojos y le dije: "O nos dejas en paz o nos vamos de aquí y le decimos a todos nuestros amigos mzungus que no vengan nunca." Resultó bastante efectivo oye. Desaparecieron todos, compré una manta masai (que ya tenía fichada de hacía tiempo) y nos fuimos de allí echando virutas.

Nairobi también ofrece algo de naturaleza. Aparte del Nairobi National Park (donde puedes ver jirafas, gacelas, leones, avestruces, cebras, rinocerontes y demás fauna nativa), tenemos un bosque llamado Karura. ¿Que qué tiene de especial? A ver, es gigante, salvaje, tiene monos, una cascada, un río, un poblado donde viven los rangers del parque con sus AK-47 a la espalda y unas cuevas donde vivían los Mau Mau (unos kenianos rastafari que lucharon contra el colonialismo del Imperio Británico). Así de primeras, como que suena bien, ¿no?

Más cosas. Hace un par de semanas, íbamos Myriam y yo al centro de Nairobi en matatu, junto a un amigo mexicano, cuando un policía decide pararnos. Primero comprueba cuantos vamos, por si somos demasiados. Chasco para el policía, somos 14 cuando podríamos ser hasta 15. Segundo, comprueba si teníamos seguro y de nuevo chasco, todo en orden. Ya por fin, argumenta que no llevábamos el cinturón puesto (no os imagináis el estado de los cinturones. El mío hice como que me lo ponía y me dejó una mancha indeleble de porquería que hace que casi queme la camiseta). Y claro, pudo llevarse su soborno a gusto. Más tarde, nos contó el mexicano que si no llegamos a estar los tres mzungus en la furgoneta, la práctica habitual es que te pare la policía, diga tres tonterías, le des el dinero delante de todo el mundo y ¡hala!, a otra cosa mariposa.

Una del carácter keniano. Hace tres semanas, entré al despacho de uno de los kenianos, Albert. Como entré con ímpetu, me pegué una leche con la puerta en el cabezón que me dejó más tonto que de costumbre. Lo curioso es que el keniano me dijo: "Sorry! Sorry!", como si hubiera sido su culpa. Y no es el único, un día me tropecé por la calle y el que iba a mi lado, me dijo lo mismo. No sé si será por herencia británica, pero los kenianos son bastante empáticos.

Allá por mayo pasamos por la época de lluvias. No estuvo tan mal. Me espera monzones terribles, la gente en barca por las calles,... Al final solía llover de madrugada, así que cuando salía de casa ya había parado y el resto del día con nubes y claros... Sobrevivimos. De todas formas, el clima es tan benigno por aquí, que los árboles dan frutos varias veces al año. Vamos, que tenemos mangos y aguacates sabrosos a diario.

Allá por junio, fuimos a la boda de un compañero de Oficina. Pensaba que me iba a encontrar con las costumbre más profundas de los kenianos. En mi cabeza veía lanzas, pieles de león, gente saltando rítmicamente, máscaras, cantos tribales... Decepción enorme. Lo más destacable fue que la misa evangélica duró dos horas largas, que la novia estaba embarazada de 8 meses (casi golazo), que el cura pregunto 8 veces si estaban seguros de querer casarse (a cada uno) y que a la hora de comer (buffet libre) no hace falta esperar a los novios. Los novios se tiran 3 horas con las fotos postboda, así que todo el mundo come y cuando ellos vuelven, la diversión es mirar cómo comen ellos. Tela.

La semana que viene, más.

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