¡Ya no estoy solo! Nos ha costado un tiempo, pero ya tengo a mi bibi (mujer) disfrutando conmigo de esta aventura. Desde que llegó ha estado asombrada por todo: la gente, la ciudad, el paisaje, la forma de tomarse la vida,... Pero bueno, ya le está cogiendo el pulso a la ciudad y a sus habitantes. Como dicen por aquí, pole pole (despacio, despacio).
Aún así, y para suavizarle un poco la llegada, al poco de llegar nos fuimos a la costa. El mismo día que viajábamos salí tarde del trabajo así que el taxista tuvo que ir a toda leche para que pudiésemos coger el vuelo (cosa que logramos por 3 minutos contados, corriendo por la pista como en una película de acción cutre). 45 minutos después, asomábamos la nariz por Mombasa. Nada más llegar, bofetón: 35 grados y 80% de humedad. A punto de derretirnos, cogimos un taxi, atravesamos la ciudad y tras casi una hora y media llegamos a Diani Beach. No teníamos hotel reservado y pasamos un mal rato hasta que logramos encontrar algo para dormir. Mal empezábamos el fin de semana de relax...
El sábado se arregló. Por la mañana salimos en barco a bucear por un arrecife (pulpos, rayas, miles de peces de colores e, incluso, delfines). Poco después, nos dejaron media hora en un islote de arena blanca en medio del mar y a la hora de comer nos llevaron a una isla llamada Wasini donde nos hicieron una típica comida swahili con marisco y arroz con coco. Tras la siesta, nos fuimos caminando por la costa hacía Mkwiro (el pueblo donde nos alojábamos) mientras la marea subía poco a poco y nos llegaba a las rodillas. Para rematar nos quedamos a dormir en un hotel cuyas habitaciones, prácticamente, colgaban sobre el agua.
El domingo volvimos al continente, nos metimos en un coche dos horas para ir a Mombasa, comimos, admiramos su decadencia y de vuelta a Nairobi.
En definitiva, sé que el paraíso está en el Caribe (República Dominicana, Puerto Rico, México) o en el Sudeste Asiático (Tailandia, Vietnam, Filipinas, Indonesia), pero me alegra saber que han abierto una pequeña oficina en la costa de Kenia...
A otra cosa mariposa. El mismo día que llegaba Myriam jugué un partido de tenis con mi compañero de beca. Nos fuimos al Impala Club, cuyas pistas son de tierra batida (la misma superficie que Roland Garros). Hasta aquí los parecidos. Cuando llegamos a la pista, justo acababan de jugar un partido y no se veían las líneas ni de casualidad. En esto que se acerca un rafiki (amigo) y se pone a repintarlas (a ojo de buen cubero) soltando cal a través de un carrito. Le quedó, más o menos, un trapecio. Pero bueno, le pusimos buena voluntad, dimos unos cuantos pelotazos y liberé algo de la tensión de la espera...
Otro tema del que hacía tiempo que quería hablar es el fútbol. Está claro que es un lenguaje universal y desde luego que los kenianos lo hablan muy bien. Son la leche, lo adoran. Tras largas y sesudas conversaciones con taxistas hay una conclusión clara: la Premier League arrasa. Todos son seguidores de un equipo inglés, ya sea Arsenal (gran triunfador), Chelsea, Liverpool o Manchester United. La Liga española está muy, muy lejos: conocen al Madrid, al Barça y poco más. Eso sí, se ven muchísimas camisetas del Barça por la calle. Tantas que quise indagar la razón y encontré una teoría. Sin ánimo de querer iniciar polémicas, al parecer la fundación del Barça reparte camisetas para que haya más seguidores culés por el mundo y de ahí que haya muchos con el 8 de Iniesta a la espalda. Esta información me la ha dado un acérrimo seguidor del Espanyol, así que igual, fiable del todo, no es...
Curiosidades varias:
- En Mombasa vimos un partido de fútbol callejero entre niños. Muchos de ellos iban descalzos y el campo (de tierra) estaba lleno de piedras como puños. Lo que llamaba la atención es que uno de ellos hacía de árbitro y los otros le respetaban las decisiones que tomaba sin armarle ni la más mínima bronca. Lo que nos queda por aprender...
- Le tienen pánico al dolor de garganta. Tanto es así que si a un keniano le duele la garganta, se lo dice al jefe y se va para casa como si tuviera 40 de fiebre. Es más, cuando beben agua, ya podemos estar a 30 grados, que nunca la toman fría. Como mucho, mezclan al 50% agua fría y caliente.- Las gallinas y las cabras andan por los parques como si fueran gorriones. Aquí todo es a lo grande...
- El avión de vuelta de Mombasa salía a las 20:30. A las 20:20 estábamos todos los pasajeros montados. ¿Para qué esperar? A las 20:25 ya estábamos volando.
A ver qué nos depara la semana que viene...
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