martes, 26 de agosto de 2014

Karibu Myriam

¡Ya no estoy solo! Nos ha costado un tiempo, pero ya tengo a mi bibi (mujer) disfrutando conmigo de esta aventura. Desde que llegó ha estado asombrada por todo: la gente, la ciudad, el paisaje, la forma de tomarse la vida,... Pero bueno, ya le está cogiendo el pulso a la ciudad y a sus habitantes. Como dicen por aquí, pole pole (despacio, despacio).

Aún así, y para suavizarle un poco la llegada, al poco de llegar nos fuimos a la costa. El mismo día que viajábamos salí tarde del trabajo así que el taxista tuvo que ir a toda leche para que pudiésemos coger el vuelo (cosa que logramos por 3 minutos contados, corriendo por la pista como en una película de acción cutre). 45 minutos después, asomábamos la nariz por Mombasa. Nada más llegar, bofetón: 35 grados y 80% de humedad. A punto de derretirnos, cogimos un taxi, atravesamos la ciudad y tras casi una hora y media llegamos a Diani Beach. No teníamos hotel reservado y pasamos un mal rato hasta que logramos encontrar algo para dormir. Mal empezábamos el fin de semana de relax...


El sábado se arregló. Por la mañana salimos en barco a bucear por un arrecife (pulpos, rayas, miles de peces de colores e, incluso, delfines). Poco después, nos dejaron media hora en un islote de arena blanca en medio del mar y a la hora de comer nos llevaron a una isla llamada Wasini donde nos hicieron una típica comida swahili con marisco y arroz con coco. Tras la siesta, nos fuimos caminando por la costa hacía Mkwiro (el pueblo donde nos alojábamos) mientras la marea subía poco a poco y nos llegaba a las rodillas. Para rematar nos quedamos a dormir en un hotel cuyas habitaciones, prácticamente, colgaban sobre el agua.

El domingo volvimos al continente, nos metimos en un coche dos horas para ir a Mombasa, comimos, admiramos su decadencia y de vuelta a Nairobi.

En definitiva, sé que el paraíso está en el Caribe (República Dominicana, Puerto Rico, México) o en el Sudeste Asiático (Tailandia, Vietnam, Filipinas, Indonesia), pero me alegra saber que han abierto una pequeña oficina en la costa de Kenia...


A otra cosa mariposa. El mismo día que llegaba Myriam jugué un partido de tenis con mi compañero de beca. Nos fuimos al Impala Club, cuyas pistas son de tierra batida (la misma superficie que Roland Garros). Hasta aquí los parecidos. Cuando llegamos a la pista, justo acababan de jugar un partido y no se veían las líneas ni de casualidad. En esto que se acerca un rafiki (amigo) y se pone a repintarlas (a ojo de buen cubero) soltando cal a través de un carrito. Le quedó, más o menos, un trapecio. Pero bueno, le pusimos buena voluntad, dimos unos cuantos pelotazos y liberé algo de la tensión de la espera...


Otro tema del que hacía tiempo que quería hablar es el fútbol. Está claro que es un lenguaje universal y desde luego que los kenianos lo hablan muy bien. Son la leche, lo adoran. Tras largas y sesudas conversaciones con taxistas hay una conclusión clara: la Premier League arrasa. Todos son seguidores de un equipo inglés, ya sea Arsenal (gran triunfador), Chelsea, Liverpool o Manchester United. La Liga española está muy, muy lejos: conocen al Madrid, al Barça y poco más. Eso sí, se ven muchísimas camisetas del Barça por la calle. Tantas que quise indagar la razón y encontré una teoría. Sin ánimo de querer iniciar polémicas, al parecer la fundación del Barça reparte camisetas para que haya más seguidores culés por el mundo y de ahí que haya muchos con el 8 de Iniesta a la espalda. Esta información me la ha dado un acérrimo seguidor del Espanyol, así que igual, fiable del todo, no es...


Curiosidades varias:

- En Mombasa vimos un partido de fútbol callejero entre niños. Muchos de ellos iban descalzos y el campo (de tierra) estaba lleno de piedras como puños. Lo que llamaba la atención es que uno de ellos hacía de árbitro y los otros le respetaban las decisiones que tomaba sin armarle ni la más mínima bronca. Lo que nos queda por aprender...
- Le tienen pánico al dolor de garganta. Tanto es así que si a un keniano le duele la garganta, se lo dice al jefe y se va para casa como si tuviera 40 de fiebre. Es más, cuando beben agua, ya podemos estar a 30 grados, que nunca la toman fría. Como mucho, mezclan al 50% agua fría y caliente.
- Las gallinas y las cabras andan por los parques como si fueran gorriones. Aquí todo es a lo grande...
- El avión de vuelta de Mombasa salía a las 20:30. A las 20:20 estábamos todos los pasajeros montados. ¿Para qué esperar? A las 20:25 ya estábamos volando.


A ver qué nos depara la semana que viene...

lunes, 11 de agosto de 2014

Haraka, haraka, haina baraka

"Haraka, haraka, haina baraka" es una de las frases básicas que hay que memorizar en swahili para evitarte sustos al coger un matatu o una boda boda. Significa "Rápido, rápido, no hay bendición". Ahí queda eso.

Esta vez me centraré en sociología keniana. Vamos que nos vamos...

Al poco de llegar, tuve la oportunidad de conversar con un keniano mientras cenábamos en un bar abarrotado de expatriados. Era un tío formado: había estado dos años estudiando en Dinamarca y había hecho un máster en Inglaterra. Bueno, pues hablamos de los más diversos temas (viajes, fútbol, trabajo, seguridad) hasta que desembocamos en el que más me interesaba: política. Le dejé hablar un poco de teoría política y luego fui a degüello: "¿Qué opinas de la política de Kenia? ¿De sus políticos? ¿De la corrupción?" Ni corto ni perezoso: "A Kenia le hace falta un dictador. Alguien que ajuste cuentas con los políticos corruptos, que meta en cintura a la policía que extorsiona, que haga cumplir las leyes,... Mano dura." Ojo con los kenianos. Tonterías las justas.



Otro tema: comunicación gestual. En este país apenas se habla, todo se hace por gestos. Por ejemplo, se acerca una matatu y el que cobra se asoma a la ventanilla y te interroga levantando el mentón y con la palma hacia arriba. Tú le indicas uno con el índice y para dentro. Después de un par de minutos de cortesía (debe ser para que busques la pasta, como si no la llevases preparada desde que has salido de casa) te toca en el hombro indicándote que quiere cobrarte. Puedes pagar de 30 a 50 chelines (de 25 a 40 céntimos de euro), dependiendo de si llueve, del tráfico o de si te ven cara de asustado. Por último, cuando quieres bajar, o le tocas en el hombro al que cobra o das dos golpes contra la ventanilla y ale, para fuera. Visto y no visto.

Un martes cualquiera fui a la Embajada de España en Nairobi y me metí a la sesión de cine español que organizan dos veces al mes, en ese caso "Camarón". Lo realmente interesante fue la tertulia de después: los kenianos se preguntaban si en España hablábamos con ese acento (decían que no habían entendido nada, que si no llega a ser por los subtítulos en inglés no pillan una), que por qué enterrábamos a los muertos en nichos y no bajo tierra, que por qué nos besábamos los hombres al saludarnos (que si le dábamos a la carne y al pescado, vamos),... Y allí estaba yo, único español en la sala, lidiando con esos Miuras como buenamente podía. No sé, me resultó sorprendente estar con 15 kenianos viendo una película sobre Camarón de la Isla y tratando de hablar, en castellano, sobre la cultura española...




Hoy he venido en matatu. Llovía. 50 chelines por viaje. A mitad de camino paramos en una gasolinera a inflar las ruedas y al poco de llegar a mi parada, el conductor decidió saltarse un atasco subiendo dos ruedas a la acera y acojonando al personal. Hasta aquí todo normal. Lo que me llamó la atención fue el programa de radio. Estaban hablando de que las mujeres se inyectan drogas y se dan cremas para tener las caderas y el culo...¡más grandes! De hecho, llamó un radioyente para decir que las mujeres debían tener cuidado, que qué pasaría si se pinchaban y aquello crecía incontrolablemente... Oye, igualito que en España.



En el siguiente post, ya no estaré solo...

jueves, 7 de agosto de 2014

Primeros pasos kenianos

Antes de empezar otro post, me gustaría hacer una distinción entre los términos keniano y keniata. Originalmente al nativo de Kenia se le llamaba keniano, pero tras la elección del primer presidente, Jomo Kenyatta o Keniata, se empezó a utilizar también el gentilicio keniata. La Real Academia Española de la Lengua recomienda el uso del gentilicio keniata, pero tras averiguar un poco de su figura y la de su hijo (que es el presidente actual y que está siendo juzgado en La Haya por crímenes contra la Humanidad), creo que seguiré utilizando el término keniano. 

Al lío. Como todo buen novato, mis primeros pasos fueron dubitativos y aprendí más gracias a los errores que a los aciertos. Uno de estos errores fue coger un boda-boda (moto-taxi) para volver a casa después del trabajo. Antes de montar te dan un chaleco reflectante y un casco sin acolchado interior (vamos, una carcasa) para cumplir con las medidas de seguridad. En su gran mayoría se trata de motos de fabricación india (o china) de 100-150 cc, que están para lo que están: llevarte del punto A al punto B como sea, remarco, COMO SEA. Yo fui con una sonrisa durante todo el camino, pero reconozco que fue toda una experiencia: circular por el medio metro (escaso) que había entre los coches y la acera, invadir el sentido contrario tomándolo como un carril más, ir con las piernas pegadas al carenado porque ves que entre esos dos autobuses te vas a dejar las rodillas (y algo más), ir por la acera y pitar a los peatones para que se quiten (¡pero cómo se atreven!),... Sencillamente asombroso. Al final es un error que sigo cometiendo y disfrutando casi cada día...

A la tres semanas de llegar, logré escaparme de Nairobi y visitar el lago Naivasha. En cuanto salí de la capital todo fue menos caótico y mucho más agradable. La gente era muy amable y al verte sonreían abiertamente. Temía que nos encontráramos con carreteras de mala muerte, pero para nada, son bastante decentes (parecidas a una nacional en España). Tras un par de horas de verdes paisajes, montañas y pueblos perdidos, llegué al camping que había reservado. Dejé las cosas en una cabaña, alquilé una bicicleta y a correr. Después de un par de kilómetros me dí cuenta de porqué tenía tantas ganas de venir a este país: cebras, jirafas, facóqueros (Pumba en El Rey León), babuinos, gacelas,... Todos pastando tranquilamente al lado de la carretera. Me quedé alucinado. 

Al día siguiente, también con la bici, me metí en un parque natural, Hell's Gate. Es un valle con una pista de tierra que discurre por el centro y lleno de animales. Y allí estaba yo, mirándolo todo con ojos como platos y otra vez con la sonrisa en la cara. Al final del valle, uno de los ríos que discurren por el parque, había horadado una pequeña garganta. Lo que más me sorprendió es que, al ser una zona con mucha actividad volcánica, varias de las cascadas que encontré por el camino eran de agua caliente. De hecho, en uno de los tramos, el agua estaba tan caliente que podías enterrar un huevo en la orilla y que se cociese en 5 minutos (según el guía, claro). La próxima vez que vaya, lo comprobaré.

Apartado de curiosidades varias:
- No hay perros por la calle. Ni callejeros ni domésticos. No quiero saber si la gente se los cepilla  o es que han huido a la sabana en busca de aire fresco. Es un hecho y punto. 
- Repostan gasolina con el motor encendido. Así, con dos cojones. 
- Las mujeres usan peluca (prácticamente sin excepción). Ojo, no son pelucas cualquiera, son pelucones con peinados imposibles. Para verlo.


La próxima semana, más.