"Haraka, haraka, haina baraka" es una de las frases básicas que hay que memorizar en swahili para evitarte sustos al coger un matatu o una boda boda. Significa "Rápido, rápido, no hay bendición". Ahí queda eso.
Esta vez me centraré en sociología keniana. Vamos que nos vamos...
Al poco de llegar, tuve la oportunidad de conversar con un keniano mientras
cenábamos en un bar abarrotado de expatriados. Era un tío formado: había estado
dos años estudiando en Dinamarca y había hecho un máster en Inglaterra. Bueno,
pues hablamos de los más diversos temas (viajes, fútbol, trabajo, seguridad) hasta que desembocamos en el que más me interesaba: política. Le dejé
hablar un poco de teoría política y luego fui a degüello: "¿Qué opinas de
la política de Kenia? ¿De sus políticos? ¿De la corrupción?" Ni corto ni
perezoso: "A Kenia le hace falta un dictador. Alguien que ajuste cuentas
con los políticos corruptos, que meta en cintura a la policía que extorsiona,
que haga cumplir las leyes,... Mano dura." Ojo con los kenianos. Tonterías
las justas.
Otro tema: comunicación gestual. En este país apenas se habla, todo se hace por
gestos. Por ejemplo, se acerca una matatu y el que cobra se
asoma a la ventanilla y te interroga levantando el mentón y con la palma hacia
arriba. Tú le indicas uno con el índice y para dentro. Después de un par de
minutos de cortesía (debe ser para que busques la pasta, como si no la llevases
preparada desde que has salido de casa) te toca en el hombro indicándote que
quiere cobrarte. Puedes pagar de 30 a 50 chelines (de 25 a 40 céntimos de
euro), dependiendo de si llueve, del tráfico o de si te ven cara de asustado.
Por último, cuando quieres bajar, o le tocas en el hombro al que cobra o das
dos golpes contra la ventanilla y ale, para fuera. Visto y no visto.
Un martes cualquiera fui a la Embajada de
España en Nairobi y me metí a la sesión de cine
español que organizan dos veces al mes, en ese caso "Camarón". Lo realmente interesante fue la tertulia de después:
los kenianos se preguntaban si en España hablábamos con ese acento (decían que
no habían entendido nada, que si no llega a ser por los subtítulos en inglés no
pillan una), que por qué enterrábamos a los muertos en nichos y no bajo
tierra, que por qué nos besábamos los hombres al saludarnos (que si le
dábamos a la carne y al pescado, vamos),... Y allí estaba yo, único español en
la sala, lidiando con esos Miuras como buenamente podía. No sé, me resultó
sorprendente estar con 15 kenianos viendo una película sobre Camarón de la Isla
y tratando de hablar, en castellano, sobre la cultura española...
Hoy he venido en matatu. Llovía.
50 chelines por viaje. A mitad de camino paramos en una gasolinera a inflar las
ruedas y al poco de llegar a mi parada, el conductor decidió saltarse un atasco subiendo
dos ruedas a la acera y acojonando al personal. Hasta aquí todo normal. Lo que
me llamó la atención fue el programa de radio. Estaban hablando de que las
mujeres se inyectan drogas y se dan cremas para tener las caderas y el
culo...¡más grandes! De hecho, llamó un radioyente para decir que las mujeres
debían tener cuidado, que qué pasaría si se pinchaban y aquello crecía incontrolablemente... Oye,
igualito que en España.
En el siguiente post, ya no estaré solo...
No hay comentarios:
Publicar un comentario