Antes de empezar otro post, me gustaría hacer una distinción entre los términos keniano y keniata.
Originalmente al nativo de Kenia se le llamaba keniano, pero tras la elección
del primer presidente, Jomo Kenyatta o Keniata, se empezó a utilizar también el
gentilicio keniata. La Real Academia Española de la Lengua recomienda el uso
del gentilicio keniata, pero tras averiguar un poco de su figura y la de su
hijo (que es el presidente actual y que está siendo juzgado en La Haya por
crímenes contra la Humanidad), creo que seguiré utilizando el término
keniano.
Al lío. Como todo
buen novato, mis primeros pasos fueron dubitativos y aprendí más gracias a los errores que a los aciertos. Uno de estos errores fue coger un boda-boda (moto-taxi) para volver a casa después del trabajo. Antes de montar te dan un chaleco reflectante y un casco sin acolchado interior (vamos, una carcasa) para cumplir con las medidas de seguridad. En su gran mayoría se trata de motos de fabricación india (o china) de 100-150 cc, que están para lo que están: llevarte del punto A al punto B como sea, remarco, COMO SEA. Yo fui con una sonrisa durante todo el camino, pero reconozco que fue toda una experiencia: circular por el medio metro (escaso) que había entre los coches y la acera, invadir el sentido contrario tomándolo como un carril más, ir con las piernas pegadas al carenado porque ves que entre esos dos autobuses te vas a dejar las rodillas (y algo más), ir por la acera y pitar a los peatones para que se quiten (¡pero cómo se atreven!),... Sencillamente asombroso. Al final es un error que sigo cometiendo y disfrutando casi cada día...
A la tres semanas de llegar, logré escaparme de Nairobi y visitar el lago Naivasha. En cuanto salí de la capital
todo fue menos caótico y mucho más agradable. La gente era muy amable y al verte sonreían abiertamente. Temía que nos encontráramos con carreteras de mala
muerte, pero para nada, son bastante decentes (parecidas a una nacional en
España). Tras un par de horas de verdes paisajes, montañas y pueblos perdidos,
llegué al camping que había reservado. Dejé las cosas en una cabaña,
alquilé una bicicleta y a correr. Después de un par de kilómetros me dí cuenta
de porqué tenía tantas ganas de venir a este país: cebras, jirafas, facóqueros
(Pumba en El Rey León), babuinos, gacelas,... Todos pastando tranquilamente al lado de la carretera. Me
quedé alucinado.
Al día
siguiente, también con la bici, me metí en un parque natural, Hell's
Gate. Es un valle con una pista de tierra que discurre por el centro y
lleno de animales. Y allí estaba yo, mirándolo todo con ojos como platos y otra
vez con la sonrisa en la cara. Al final del valle, uno de los ríos que discurren por el parque, había horadado una pequeña garganta. Lo que más me sorprendió es que, al ser una
zona con mucha actividad volcánica, varias de las cascadas que encontré por el camino eran de agua caliente. De hecho, en uno de los tramos, el
agua estaba tan caliente que podías enterrar un huevo en la orilla y que se
cociese en 5 minutos (según el guía, claro). La próxima vez que vaya, lo
comprobaré.
Apartado de curiosidades varias:
- No hay perros
por la calle. Ni callejeros ni domésticos. No quiero saber si la gente se los
cepilla o es que han huido a la sabana en busca de aire fresco. Es un
hecho y punto.
- Repostan gasolina con el motor encendido. Así, con dos
cojones.
- Las mujeres usan peluca (prácticamente sin excepción). Ojo, no
son pelucas cualquiera, son pelucones con peinados imposibles. Para verlo.
La próxima semana, más.
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