¿Por qué se merece una entrada? Porque son 4.985 metros hasta la cumbre. Porque ha sido lo más duro que he hecho en mi vida. Porque la montaña da nombre al país y no al revés. Porque ha sido un reto brutal...
La expedición (nada menos) la formábamos
seis kenianos (un guía, un cocinero y cuatro porteadores), tres suizos y tres
españoles. Los porteadores eran para la comida y para las cosas de dos de los
suizos. El resto llevábamos todas nuestras cosas a la espalda (lo digo por si
había dudas...).
Bueno, al
tema. Después de darnos de comer, nos dejaron en una de las puertas de entrada
al parque (llamada Naro Moru) a 2.400 metros de altura, y tras una
apacible marcha de 3 o 4 horas, llegamos al campamento donde íbamos a dormir (a
3.000 metros). Hasta ese momento todo bien: risas, mucho té con azúcar y buen
ánimo.
Al día
siguiente salimos a las 8 de la mañana. Las primeras dos horas las hicimos
atravesando un bosque verde y frondoso (como los del Norte de España, vaya). De
repente el paisaje cambió y casi se nos antojaba desértico con unas plantas
semejantes a cactus. La ascensión fue más dura y larga que el día anterior (unas 7-8 horas) e, incluso, nos empezó
a nevar sobre los 4.000 metros. Pero bueno, conseguimos llegar al siguiente
refugio (4.200m) a eso de las 3-4 de la tarde. Cenamos como jabatos (siempre
comida caliente), jugamos un par de partidas de cartas y a las 19:30 nos fuimos
a la cama.
Inciso:
desde que empezamos a preparar el viaje, yo estaba preocupado por el mal de
altura. Da igual que te hayas preparado muy bien físicamente, si te da, has de
descender sí o sí. No hay nada que puedas hacer. Bueno, pues ese día me acosté
con fiebre y con el estómago haciendo de las suyas. Pero como el guía
nos había dicho que lo más duro ya lo habíamos pasado, yo pensaba que lo
teníamos casi hecho.....(¡y un cojón de pato!).
El último día de ascensión (lunes) nos
levantamos a las 2:15 de la mañana. Nos pusimos toda la ropa de abrigo posible (estábamos
a -5 grados) y empezamos a subir el último tramo. Estaba todo
nevado/congelado y había puntos en que en vez de avanzar, no hacías más que
resbalar hacia abajo sobre la nieve. Para ser sinceros, a 4.500-4.600m ya no
podía con mi alma. No hacía más que dar vueltas en la cabeza a ver cuando les
decía a mis compañeros que "Todo muy bonito, pero hasta aquí hemos llegado
señores". Por pura cabezonería (esa que tanto le gusta a Myriam) seguí sufriendo como un perro y llegamos a un
mini-refugio a 4.800 metros. No hay explicación, pero me allí me recuperé
totalmente. Descansamos dos minutos y enfilamos hacia la cumbre.
Toda la
ascensión es muy empinada, pero la última parte es una exageración. Tenía
incluso cables fijos a los que debías cogerte, porque un mal paso y
bajabas 500 metros del tirón... Fue duro y cada paso costaba la vida,
pero metro a metro y respirando como búfalos, hicimos cumbre. 4.985 metros.
Podríais pensar que ya estaba todo hecho,
pero no. Después de hacer cumbre a eso de las 6:30 de la mañana, ver amanecer y
tirar unas cuantas fotos, tuvimos que bajar 20 kilómetros (sí, 20) para llegar
al sitio donde íbamos a pasar la última noche. El paisaje era precioso (valles
verdes, cascadas, bosques,...dicen que Tolkien se inspiró en este paisaje para
crear Rivendel), pero íbamos tan jodidos que apenas lo apreciamos. Total,
llegamos muertos al campamento, devoramos la cena, charlamos 20 minutos y a dormir.
Tardé como 1 minuto y 12 segundos en dormirme.
Por último, el día en que solo teníamos
que montar en un todoterreno y dejarnos llevar, se convirtió en una odisea. Nos
dijeron que para 32 kilómetros tardaríamos 3 horas porque la carretera estaba
mal. "Qué exagerados pensé". Al final tardamos 7 horas. La peor
carretera de la historia. Sólo había barro. El coche se quedó atrapado como 6
veces (y eso que los neumáticos tenían cadenas) y había que empujarlo y
zarandearlo para que saliese... Para vivirlo.
En fin, una de las mejores experiencias
de mi vida. Sencillamente espectacular.
Besos y abrazos para todos!

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