martes, 20 de noviembre de 2012

Pueblo

Alto, huesudo, terco. Inmensamente delgado. Combatió en la Guerra Civil, lo que sin duda modeló su carácter reservado, ya que nunca decía una palabra de más. Subía al monte para despejarse y poder respirar el aroma de sus eucaliptos. Quiso tener una familia y rodearse de su gente a pesar de ser un solitario. Odiaba el exceso de confianza, los chismorreos entre vecinos, las relaciones superfluas y el interés fingido (sí, ése que en el que algunos se escudan para echar una ojeada dentro de la casa y matar ese gusano cruel que les reconcome por dentro llamado curiosidad y apellidado malsana). Toda su vida trabajando por y para su familia: con las vacas (en el monte o en la cuadra), en la fábrica de cristal o en la huerta.

Su mujer, por el contrario era mucho más afable. Siempre dispuesta a ofrecer de todo y a todos. Alegre, despreocupada, vivaracha, siempre interesándose por si estabas cómodo o querías algo más. Tan trabajadora como su marido, como mínimo. Se ocupaba de la casa, de la huerta, de las gallinas, de cuidar a dos hijos y de cualquier cosa que se le pusiera por delante. No se quejaba nunca.

Era el pueblo. Pueblo de verdad. Los abuelos del pueblo. Mis recuerdos más cálidos de la infancia.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Tremeo

He emergido de las frías y oscuras aguas de un pozo. No es un pozo del cual se saque agua con un cubo. Para entendernos es un pequeño, pequeñísimo, lago. El paisaje no es el ideal de las postales al uso, pero a mi entender es precioso. Es un valle verde, pequeño, de bajas cotas, pero de una tranquilidad de la que solo se puede hablar susurrando. De lo contrario, desaparece.

El rumor suave del pequeño arroyo que discurre por entre las casas es el que da nombre al pueblo. Entre huertos y prados, casonas y bares, vacas y gallinas, se esconde un estanque. Con unos eucaliptos lamiendo una de sus orillas y el verde prado coloreando el resto, allí se encuentra brotando agua, Tremeo.

Una cosa he de hacer en esta, mi, existencia. Devolverme, aunque sea solamente durante un suspiro, a las aguas que me vieron nacer. Sentir el frío de mi tierra fluir entre mis dedos. La alegría de vivir ese instante me permite seguir respirando, pues espero, impaciente, que llegue el día en que me convierta en un ser completo.

lunes, 22 de octubre de 2012

Pirata emocional

El último alma humana seguía buscando, infatigable, desesperadamente. La soledad emocional a la que se hallaba sometida la estaban dejado yerma, inútil para la vida. Quería algo más que esos borregos autómatas con los que se cruzaba a diario...y lo había encontrado. Había durado lo que un suspiro, pero dos ojos verdes le habían dicho que no se equivocaba, que su búsqueda no era infructuosa. Su afán por no conformarse, por seguir aprendiendo eran compartidos...La noticia le pilló por sorpresa, pero sabía que tendría que volver, día tras día, a aquella anodina estación buscando ese tesoro de esmeraldas que le habían hecho volver a ser un pirata emocional...

viernes, 24 de agosto de 2012

Percepciones

Un idiota, un incapaz, un inútil…son el tipo de lindezas que suelo dedicarme al pensar en mi situación personal-laboral. Me veo inferior a la mayoría de mis conocidos y todo se debe a que ellos trabajan y yo no. Y no debería de ser así, ¿verdad? (¿o sí?)...

Me he auto convencido de que soy un mierda, de que lo que he estudiado no sirve para absolutamente nada, de que fue un capricho, un canto al viento, un brindis al sol… Lo único que sirve son las ciencias puras y si no sirves para eso, estás fuera del mundo (laboral, real, como sea que quieras llamarlo). La sensación que tengo es que me he perdido mientras intentaba llegar a la madurez, pero no sé dónde ni cuándo ni si seré capaz de llegar a encontrar el camino otra vez. No sé quién diseñó el sistema en el que vivimos, pero me quito el sombrero ante semejante maestría. No sólo se impone que trabajes hasta determinada edad, si no que te hacen desear formar parte de ello y querer trabajar con todas tus fuerzas (yo el primero, que conste). ¡Maldita sea mi estampa!

"¿Historia? Pero eso sólo se estudia si quieres ser profesor, ¿no? O quizá para ganar alguna partida de Trivial"…Ja-ja-já, querido amigo, ja-ja-já. Afortunadamente, la gente que me rodea me hace ver que no soy tan malo y que soy, al menos, tan apto como los demás para ganar dinero a costa de perder años de vida. Menos lamentación, un pelo de autoestima y ¡listo de papeles!


miércoles, 11 de julio de 2012

¡A rajar se ha dicho!…

Como rajar contra banqueros, políticos y demás papanatas ya está muy trillado, he decidido dar una vuelta de tuerca más…voy a rajar contra los que rajan. Contra aquellos “rebeldes/inconformistas” que rajan cuando el sistema ya ha colapsado, contra los que se suben al carro del “ya te lo dije” en el momento justo, contra los que trabajan para los entes públicos y tienen la valentía de, desde la tranquilidad de su puesto, intentar sentar cátedra hablando de lo quejica que es la juventud…¡olé! (nada menos castizo les haría justicia).

Respetables (que no respetadas) opiniones que sólo sirven para demostrar que la libertad de expresión y la pluralidad de opinión se siguen estilando en este país. Quizá también para hundir un poco más la opinión que la gente tiene de la situación y confirmar la tendencia natural (e inherente) de los españoles a la crítica (a los que me sumo orgulloso, que para eso escribo este post).

 “Seguro que si nos quejamos un poco más, mejoraremos”, es lo que parece que piensa la gente. Vamos a ver, todo este cuento ya me lo sé. Lo estoy viviendo en primera persona. No digo que no haya gente que merezca el escarnio público por lo que han hecho o dejado de hacer. Por supuesto que sí. Pero como nosotros no podemos tomar medidas al respecto (a no ser que tú, querido lector, seas magistrado del Tribunal Supremo), lo que hace falta es dejar de quejarse, e intentar ser un poco más optimistas. Hay que intentar ver el lado bueno de las cosas (que conste que yo no lo hago, pero estoy en ello) y dejar que los papanatas se pierdan en sus elucubraciones varias.

Bueno, es lo que creo. También puedes criticarlo y todo volverá a empezar…

P.D.: Por cierto “rebeldes/inconformistas”, gracias por nada.

viernes, 6 de julio de 2012

Praga (y III)

“Y al tercer día”…nos fuimos al Castillo. Bueno, lo llaman “castillo”, pero nada tiene que ver con las típicas imágenes que tiene uno de los castillos: altos muros de piedra, torres, almenas…incluso puente levadizo para los nostálgicos de la Edad Media (como el que escribe estas líneas). No, el “castillo” de Praga tiene más que ver con un palacio, bueno más bien con un complejo palacial. Grandes edificios de piedra, rodean a la catedral y se sitúan en una elevación del terreno no muy lejos del río. Poca chicha, la verdad sea dicha. Unas vistas impresionantes y unos espacios muy amplios ideales para grandes desfiles y demás fruslerías. Incluso la catedral se me antojaba “poco”…¿Poco qué?...Pues no lo sé. ¿Poco bonita?¿Poco espectacular?¿Poco solemne?¿Poco espiritual?...Y el detalle de que te cobrasen por visitarla (como hacen en las catedrales de Toledo o Ávila también) pues le restaba un poco más. Si de ese “poco” que  no estoy seguro de en qué consiste…Eso sí, la arquitectura que la rodea es espectacular: las gárgolas, los contrafuertes, las dos torres frontales y la lateral…impresionante.


Al poco, y ya que teníamos el ticket de la catedral visitamos el conocido como Callejón del Oro. Lo cierto es que las casas que lo componen son de lo más variopintas y curiosas. Todas están pintadas de diferentes colores y son de muy pequeño tamaño. Antiguamente estaban este callejón estaba habitado por los artesanos que trabajaban para el castillo y por ello los interiores de las casas están recreados al efecto: un herrero, un curtidor, una costurera… Como curiosidad, en una de ellas estuvo viviendo Franz Kafka, uno de los más famosos escritores checos que ha producido esta ciudad. También hay que citar la prolífica colección de armaduras que alberga (sin duda que alguna de ellas sirvió de inspiración a George Lucas para su C3PO) y la galería donde poder practicar el tiro con ballesta (ya hace tiempo que no ensayamos, ¿verdad querido lector?....).


Tras una opípara comida (cuyos componentes fueron, invariablemente, asados), emprendimos camino hacia una de las pequeñas colinas que rodean Praga (no, no son siete…no todos los caminos llevan a Praga, ¿o si?...) y desde la que se tienen las mejores (dicen) vistas de la ciudad. La colina está cubierta de un parque bien hermoso, que cumple la función de “lugar de recreo y descanso” para los capitolinos. Nosotros subimos en funicular. Dicho así parece que el desnivel era (y es) impresionante, pero lo cierto es que el trayecto no dura más de tres minutos (con parada de un minuto incluida). Una vez en la cima, nos encontramos con una pequeña reproducción de la Torre Eiffel (al menos lo parecía), en cuya cima podías disfrutar de unos impresionantes vistas de la ciudad, si es que has pagado religiosamente antes, claro.


Como colofón, decidimos ir a visitar uno de los edificios más feos del mundo. Se trata de la Torre Zizkov, y alberga la sede la de la televisión estatal checa. “Afortunadamente” quisieron embellecerla y decidieron colocar unas inmensas esculturas de bebés, de cerca de una tonelada de peso, trepando por toda la superficie… El resultado es, cuanto menos, visitable.


La Torre Zizkov y su entorno nos dieron una idea de lo que podía haber sido la ciudad en la época comunista. Manzanas de edificios grises, oscuros, anodinos. Avenidas bien anchas. En el metro la gente no habla, ni siquiera si son amigos, no vaya a ser que “haya alguien escuchando”… Desde luego es una idea de una fuerza brutal, casi física, especialmente para aquellos a los que el comunismo les queda francamente lejos (espacial y temporalmente).

Al día siguiente, el último, teníamos el vuelo relativamente pronto (debido a los penosos horarios de los vuelos), por lo que no teníamos tiempo de volver al centro para ver nada más. Afortunadamente, cerca de la casa de nuestro amigo había un cementerio (sí, la connotación de la frase no es de las mejores…) así que decidimos ir a dar un paseo tranquilo hasta el momento de partir hacia el aeropuerto. El camposanto era una delicia y no me extraña que los praguenses lo utilizasen como si se tratase de un parque más. (De hecho, una costumbre extendida en Europa es no dar tanta trascendencia a los lugares santos. Que no se me entienda mal, los respetan al máximo, pero no actúan como si la gente que está enterrada se fuese a molestar por la presencia de los vivos…) La vegetación se estaba extendiendo por todas las tumbas y se estaba dando una rara simbiosis entre la Naturaleza y las construcciones realizadas por el hombre que no pude dejar de apreciar y disfrutar. Era un verdadero remanso de paz y tranquilidad (y no sólo para los muertos).

Al poco, tuvimos que irnos al aeropuerto, embarcar y volver a tierras españolas. El hecho de que tuvimos que abortar uno de los aterrizajes y volver a realizar otra aproximación no sé si tiene cabida en este post, pero no he podido dejar de mencionarlo….:)

viernes, 15 de junio de 2012

Praga (II)


Nos levantamos a eso del mediodía, devoramos algo que parecía comida y nos fuimos…(creo recordar que fue en ese orden). Bajamos hasta el Hades, que ellos llaman metro, pero cuando bajo tantos metros de una tacada, siempre miro hacia arriba con aprensión…como si esperase ver a un Can de tres cabezas o algo así…

La primera parada fue el Museo de Historia. Grandioso edificio (y más para un historiador como yo), pero en restauración. Preside una de las avenidas comerciales más famosas de la ciudad, pero tan común que no recuerdo ni el nombre. Tras un paseíllo, llegamos a la Torre del Polvorín. Eso sí que era algo diferente. Una impresionante torre se alzaba en la entrada a los barrios antiguos de la ciudad. Negra, imponente, amenazadora. El nombre lo hereda de cuando ejercía de arsenal a mediados del siglo XVII. Hacemos la foto de rigor y seguimos con la ruta.

Llegamos a la plaza del Ayuntamiento, donde se encuentra el famoso reloj astronómico que no entiende ni su padre. Como eran cerca de una hora en punto, pues resulta que había un montón de gente congregada a su alrededor. “Teneis que ver esto” nos dijo nuestro amigo anfitrión. Cada se juntaba más gente y crecía mi expectación. “Si somos tantos esperando, seguro que algo bueno tendrá” pienso esperanzado. A la hora en punto, un mecanismo se activa y desfilan ante nosotros los doce apóstoles. Arriba, en lo alto de la torre del Ayuntamiento, un tipo toca su trompeta y agita un banderín. En la distancia, desde las otros torres, lo imitan. Fin del espectáculo.
Todavía boquiabierto (me debatía entre la sorpresa y la incredulidad), subimos a la torre. Impresionante vista de la ciudad con sus inacabables tejados rojos, su quietud y sus edificios bajos. Sólo muy a lo lejos se erguían, mudas, unas moles de cemento comunista que amenazaban con romper el encanto…


Al poco, desembocamos en el barrio judío. La arquitectura, semejante al resto de la ciudad, se ve enriquecida por las singulares sinagogas que lo salpican aquí y allá. Entramos en la más destacada, (la Sinagoga Española), previo pago de unas cuantas coronas, y quedé asombrado de la estructura interna del edificio. A pesar de lo que se comúnmente se piensa, creo que tanto sinagogas, como iglesias, como mezquitas son semejantes. No en el estilo arquitectónico, pero sí en lo intangible. Me explico, al entrar por la puerta sabía la sensación que me iba a transmitir el interior: tranquilidad, reposo, silencio. Es la atmósfera que crean.

Bueno, también quisimos entrar en el característico cementerio, pero nos pidieron 12 euros por ello. Y, a pesar de la bonita relación que mantengo con los sacrosantos lugares (seguro que haber dormido 7 meses en uno de ellos me ha influido), decidimos que ya valía con la broma. Después de comer abundantemente uno de los platos tradicionales (svickova), nos fuimos a ver uno de los grandes atractivos de la ciudad: el puente de Carlos. La verdad es que era precioso. De corte medieval, une la ciudad vieja y la nueva. Decorado profusamente con estatuas, es el paradigma de cómo deberían de ser los puentes (bajo el prisma de un historiador con una correcta deformación profesional, claro...). En ambos extremos se elevan dos torres semejantes a la Torre de la Pólvora, que no hacen sino darle un aspecto aún mejor. ¿El problema? Los turistas lo copábamos hasta el ridículo. ¿La solución? Ir por la noche.
Antes de volver al hotel (medio muertos) debíamos cumplir como buenos turistas y visitar los sitios más típicos de la capital checa, en un peregrinaje turístico del que (no me engaño) formo parte:

- el muro de John Lennon (monumento a la libertad de expresión en su día, pared llena de pintadas sin orden ni concierto a día de hoy)
- la verja llena de candados (los ponen las parejas de enamorados como símbolo de la fortaleza de su amor y me temo que alguno se olvidó de volver para quitarlo...)


- la calle más estrecha del mundo (con semáforo y todo oye...)
- dos estatuas meando sobre el mapa de la República Checa en el patio de entrada del museo de Franz Kafka (ahí lo tienes...)
- la casa danzante (cuenta la leyenda que inspirada en la pareja Ginger Rogers - Frad Astaire). Ésta sí que es una verdadera curiosidad arquitectónica. Dos cuerpos del edificio inclinados que le dan un aspecto irreal al conjunto, casi de cómic. Diferente.

Tras un laaaaaargo día, volvimos a la habitación, vimos las fotos que habíamos hecho, cenamos la típica tortilla española y al catre.


jueves, 31 de mayo de 2012

Praga (o “Praha” como la llaman los checos)

¡Maldita sea!, mal empezaba el viaje: partía con prejuicios, tenía….¡expectativas! El viaje podía acabar en desastre siquiera antes de comenzar… Había intentado evitar a toda costa llegar a esta situación, pero siempre había algún amigo que (¡sin pedirme permiso!) me daba su opinión y lo enturbiaba todo.

 [La situación se me antojaba exactamente igual a esto:

 - Voy a ver “El último tango en París”.
- ¡Gua, muy buena! Ese Bertolucci es un monstruo...¿Qué decir de la escena de la mantequilla?…¡brutal!
- Estooooooo…..¿gracias?

Y ya sabeís el resto….te pasas toooda la película esperando esa escena y apenas disfrutas (si es que hay algo que disfrutar) del resto del largometraje. Odioso…]

 Quería ir puro, formarme mi propia visión de la ciudad. “Preciosa”, “Maravillosa o “Volvería con los ojos cerrados” eran las “neutras” apreciaciones que resonaban en mis oídos cuando el rugir de los motores lo hacía en los oídos del resto del pasaje. Pero gracias a mi compañera de viaje (¿y por qué no decirlo?... a sus uñas clavadas en mis brazos al despegar), logré espantar los malos pensamientos y zambullirme de lleno en la lectura de la guía de la ciudad que había decidido llevar conmigo. (Ya que me habían influenciado, iba a intentar ver lo más representativo, ¿verdad querido lector?...). Puente de Carlos, Plaza del Ayuntamiento, Reloj Astronómico, Torre del polvorín,… todos ellos realzados en negrita en la guía. Tendrían que valer la pena, ¿verdad?...


Nada más aterrizar, el amigo que nos acogía en su casa, aportó su granito de arena a mi, ya de por sí, agotada paciencia: “El país es más atrasado que el nuestro, ya lo vereís…”. Sorprendentemente, mi mirada de odio glacial (patentada y ensayada desde la niñez), no lo había congelado allí mismo… Tendría que empezar a reconocer que nunca había tenido un éxito rotundo. Sí que es verdad que había logrado parar a algunos niños pequeños durante milésimas de segundo, pero empezaba a preguntarme si tenían algo que ver las palmeras de chocolate y demás repostería que abarrotaban el escaparate de la pastelería que casualmente, se encontraba justo en la vertical de mi casa. Como era tarde, casi medianoche, y circunstancialmente ese chico iba a darme cama, comida y además iba a ejercer de guía, le sonreí como un imbécil.

La primera noche fue espectacular. Ninguno de los tres sufrimos el tan cacareado y temido jet lag (pamplinas!…dos horas de vuelo y como una rosa!...;)…), así que tras deshacernos de nuestros fardos en la (mega) habitación de nuestro amigo, nos fuimos de fiesta. Resulta que la cerveza, en los locales de fiesta de Praga, es más barata que el agua. Por un euro y medio te daban medio litro del llamado oro líquido (¿o eso era el petróleo?). Y en el celebérrimo “Retro”, nos encontramos cara a cara con una muestra de la fauna checa, muy variopinta y con un pelaje de lo más diverso. “Pasaditos” es un eufemismo que se me viene a la cabeza al intentar describir lo que vimos allí. Teníamos ochenteros, snobs, yonkis, pijetes, pastilleros, marginados, desharrapados, mafiosos, modernos, hippies, y un largo etcétera. Aunque hay que decir que el ambiente era muy cordial y que cada uno iba a su aire sin molestar al resto. Ya se sabe eso de: “Tu libertad empieza donde termina la mía”. Al lío, tras cerrar el garito, comprobar que había amanecido y recordar(nos) que habíamos ido a ver la ciudad, decidimos echar el cierre al primer día e intentamos descansar algo…

jueves, 10 de mayo de 2012

Atrasado...

Esta entrada la voy a hacer porque estoy asustado de mi mismo. Siempre he sido un descreído con la tecnología y ahora me descubro sentado en una ventana de una sucursal de Banesto (si aquel banco donde Mario Conde hizo alguna que otra trastada), en la rotonda de Cuatro Caminos escribiendo en una superchería que llamamos smartphone...

 Sólo estoy retomando el hábito. Me cuesta muchísimo escribir, siempre encuentro una excusa para no hacerlo: que si tengo que buscar trabajo, mecanografíar, leer, ver películas en inglés,....qué desastre. Será de las pocas entradas que escriba según vaya viendo las cosas, pero justo enfrente hay un señor que rondará los 70 sentado en un banco, apoyado en su bastón y observando a la gente. No tiene prisa (no como el resto de nosotros) y en cierto modo me está dando mucha envidia....es la tranquilidad en persona...jojojojo...Acaba de ver un bebé y se ha quedado mirándolo con interés...Cuánto sabrán los mayores de todo y que poco los escuchamos...en fin, así somos y seremos.... Mañana volveré a el estilo habitual y me temo que será una entrada viajera...¿por qué no?...

miércoles, 21 de marzo de 2012

Renacimiento

Me gustaría ser capaz de soltar una diatriba sobre tan laureada época de nuestra historia, pero me conformaré con hacer que esta, mi, pequeña aventura vuelva a la vida con mayor fuerza que la primera vez. Todavía me mantengo en pie, con la capa puesta y la espada bien firme. Batallando, guerreando más bien contra todo, todos y, especialmente, contra mí.

No puedo dejarlo. No hasta que me halle en paz. Da igual que me duela el cuerpo. No importa si mi mente suplica tranquilizarme y pensar sobre ello. Hoy día no me puedo permitir el lujo de quedarme quieto. Si eso sucede, me quedo fuera del juego.

Rabia, frustración, impotencia,...todas se alían contra mí. Incluso Parménides ha querido minar mi voluntad. Da igual. He vuelto.