lunes, 15 de diciembre de 2014

Zanzíbar

¿Que por qué se merece una entrada? Por sus playas de arena blanca, por sus aguas color turquesa, porque es la isla donde nació Freddie Mercury, porque es otro trozo de Paraíso en África...
  
Nada más bajar del avión, nos encontramos con la pista anegada de agua. Dos dedos por lo menos. "Buen presagio" me digo. Alquilamos un todoterreno, Myriam se pone al volante y hacia el sudeste que vamos. No hay una sola señal en toda la isla, pero por ciencia infusa llegamos a la playa. Se llamaba Paje y era kilométrica. Arena fina, finísima ("como harina" la definió la buena de mi madre). Nuestro bungalow estaba en la misma playa, a 30 metros del agua. No se veía un alma (bueno, sólo un par de vacas como veis en una de las fotos). Como sitio para relajarse era espectacular. Al día siguiente hicimos un poco (bastante) el canelo y quisimos ir andando mar adentro hasta un arrecife de coral. Tres horas después volvimos a la playa quemados por el sol, pinchados (yo) por un erizo de mar y sin haber logrado llegar al arrecife... Pero bueno, me tomé un Dawa (vodka, lima y miel) y me recuperé. 


Después de un par de días más de relax cogimos el coche de nuevo y nos dirigimos hacia el norte, hacia una playa llamada Kendwa. Para ello tuvimos que atravesar toda la isla y y comprobamos que la vegetación era exuberante por todo el interior de la isla (también pagamos un soborno a un policía, pero vamos, nada nuevo). La playa de Kendwa también era muy chula: la marea no bajaba tanto y el agua estaba tan caliente que no querías salir. A diferencia de la otra playa, esta tenía mucho más ambiente: estaba lleno de chavales y chavalas luciendo palmito y postureando a tope (yo era el más viejo, ¡no digo más!). Luego nos dimos cuenta que la segunda noche coincidía con una "Full Moon Party". Pero vamos, como bien dijo una amiga mía sevillana: "El Carranza, en Cádiz, es lo mismo". ¿Que en qué consiste? Pues en música, copas, acrobacias con fuego, playa, cachimbas, cócteles, bañadores y bikinis. En definitiva, que no hace falta irte a playas paradisíacas para hacer esto...


Nuestros últimos dos días los pasamos en la capital, Stone Town (bueno, realmente la capital se llama Zanzíbar, la isla Unguja y la parte vieja Stone Town, pero da igual). Lo más destacado de este último viaje con el coche es que al llegar casi morimos ahogados (aquí cuando llueve, lo hace a mares). Y además, cuando estábamos a punto de adelantar a un ciclista un coche que venía en sentido contrario nos echó una ola encima (sí, eso era una maldita ola). Por un momento nos quedamos a ciegas. Yo grité aquello de "Frenaaaaa!!!", pero Myriam ni pestañeó. La ola pasó, el ciclista seguía por allí pedaleando y nosotros vivitos y coleando (luego Myriam me confesó que le había dado un pequeño infarto, pero vaya temple tuvo la tía...). Bueno, al lío. La ciudad nos encantó. Las calles son muy estrechas, las casas de piedra (algunas incluso de coral) y las puertas de las casas eran obras de arte hechas de madera. Lo mejor era pasear, perderse por las calles, y de repente encontrarse un rincón donde la gente se reunía para hablar de política, para fumar o para jugar al dominó. Por supuesto que había un poco de suciedad y los zanzibarís intentaban venderte miles de cosas a cada paso, pero nos pareció una gozada...


Besos y abrazos para todos!

P.D.: Dawa (la bebida que me tomé en la primera playa) significa medicina en suajili... Estos sí que saben.

martes, 9 de diciembre de 2014

Uko wapi?

Bueno familia, ya se va acabando la aventura... 


Cuando los padres de Myriam estaban por aquí, se nos ocurrió hacer una de las cosas más turísticas que se pueden hacer en Nairobi: ir al Carnivore. ¿Que qué es el Carnivore? Pues es uno de los restaurantes más famosos del mundo donde te sirven toda la carne que tu quieras y de todo tipo: pollo, cerdo, ternera, pavo, cordero, buey... La gracia es que también puedes comer carne de avestruz o de cocodrilo (al parecer hace 10 años te podías comer carne de cebra, ñú y no sé qué más). En 2003 incluso fue catalogado como el 47 mejor restaurante del mundo.... Pero vamos, una exageración de carne más o menos buena, mucho espectáculo y poco más. 


Esta vez toca hablar un poco de España, lo español y demás. Lo primero es que Myriam ha estado bastante ocupada en los últimos meses organizando los actos culturales de la Embajada de España en Kenia: la "Noche Española" en un festival de cine de mujeres, parte del festival cultural de Lamu y un concierto de flamenco en Nairobi. Este último fue curioso porque al guitarrista le gustaba fusionar estilos y allí tuvimos a una bailaora de flamenco japonesa, a dos kenianos medio desnudos bailando y aporreando un tambor e incluso una bailarina hindú. Como veis, typical spanish... 

Otra cosa que quería comentar es la increíble cantidad de kenianos que quieren aprender español. Al parecer, crear un Instituto Cervantes en un país es mucho politiqueo, influencias y demás, pero es que no entiendo como todavía no hay uno por la zona... Cuando pusimos la película (Blancanieves) en el festival del que os he hablado la sala se llenó hasta la bandera de gente. Hay un potencial brutal, pero no sabemos aprovecharlo... 

En relación con esto, hace tres semanas fuimos a una fiesta organizada por un chileno. Allí había mucha gente y casi todos sudamericanos (chilenos, mexicanos, venezolanos, colombianos,...). Me sorprendió que nos dijeran que su cultura estaba definida por lo español, pero es que hubo una cosa que me dejó fuera de combate. La gente iba poniendo canciones en un ordenador para bailar y tal. Bueno, pues le llegó el turno a un español y puso "Un beso y una flor" de Nino Bravo. Ver a todos los invitados, a todos, cantándola a grito pelado me dejó trastocado cuanto menos... 


Otra tontería, mi nombre arrasa entre las kenianas. Así es la vida. El caso es que estuvimos en un cóctel en la Alianza Francesa y uno de los compañeros de trabajo de Myriam, un keniano, cada dos por tres me presentaba a una chica diciendo: "Este es Alejandro. Un verdadero Alejandro" y a la keniana en cuestión se le escapaban risitas. Menos mal que ya sabía de que iba el rollo y las vacilaba con cosas como "Yeah, I'm very macho, very latino"... Al parecer en Kenia triunfan las telenovelas sudamericanas y hay una muy famosa con un Alejandro como protagonista... En fin, muy lamentable todo. 


Bueno, por último deciros que hace poco tuve otra de esas conversaciones interesantes con kenianos. Este era especial, el chico había estudiado 6 años en Cuba y había vuelto hacía menos de tres meses. Claro, el choque había sido grande y el hombre me decía que en Cuba la sanidad, la educación y la vivienda eran gratis y que no se veía pobreza extrema por la calle. El (pequeño) punto en contra es que no hay libertad política. A su vuelta a Kenia, había visto pobreza extrema, enormes diferencias entre ricos y pobres, pero libertad política. Y ahí le dejé pensativo y confundido, tan confundido que quiere irse a España a hacer un Máster en Ciencias del Deporte... 


Curiosidades varias: 

- Volviendo de la oficina en taxi, se nos para una señora al lado, ve que somos blancos y nos pide 200 chelines para gasolina... Si cuela, cuela y si no, me la pela... (con perdón). 
- El otro día, mientras comíamos en un restaurante, vimos como un grupo de gente atrapó a un ladrón, lo ataron de pies y manos (como a una ternera) y lo metieron en los asientos de atrás de un coche... Aquí la justicia la imparte la muchedumbre. A saber qué paso con él... 


Besos y abrazos para todos. 


P.D.: "Uko wapi?" significa "¿Dónde estás?". Y he ahí la cuestión, ¿a dónde nos hemos ido esta vez Myriam y yo?.....

lunes, 1 de diciembre de 2014

Uganda

¿Que por qué se merece una entradal? Porque es la "Perla de África" (como dijo Winston Churchill), porque es un oasis verde en el corazón de África, porque es el país que sufrió a Idi Amin, ...

Nada más aterrizar de buena mañana en las orillas del Lago Victoria (el segundo lago más grande del mundo), nos escanearon a todos los pasajeros para asegurarse de que ninguno llegábamos enfermos de ébola. No me extraña que tomen estas precauciones, porque como la epidemia llegue a Uganda, están listos de papeles (qué manera de sobarse y tocarse al saludar)...En fin, seamos optimistas.


Bueno, al salir nos esperaba una furgoneta y 10 horas de viaje hasta llegar a las montañas del oeste del país. Menos mal que el país es precioso, porque menuda paliza. Del viaje, aparte del paisaje (el país entero es tan verde como el norte de España), me quedo con la anécdota de que cuando hicimos una parada para repostar en un pueblo a 5 kilómetros de la frontera del Congo, una niña pequeña se puso a llorar y a correr hacia su mamá porque le dimos miedo Myriam y yo. Es lo que tiene ser blancos...Total, que llegamos a Bwindi ya de noche y a la cama que fuimos.


A las 5:30 nos levantamos y nos dirigimos al Bosque Impenetrable. Sí, suena pomposo, lo sé, pero es que realmente lo era. Selva monda y lironda, de las que has de utilizar un machete para abrirte camino. A la media hora de empezar a caminar, y sin previo aviso, nos encontramos con un Gorila de Montaña, un Silverback (o Espalda Plateada). El tío estaba comiendo, sentado tranquilamente, cuando aparecen los humanos para molestarle y hacerle fotos. A los dos minutos dijo basta, se levantó, se golpeó el pecho con los puños (sí, de la manera en que todos imagináis) y se fue ladera abajo. En el mismo instante en que se puso de pie, creo que a todos se nos encogió el corazón (o nos cagamos, como prefiráis). Pero es que, a pesar de no ser muy grandes (el más grande mediría 1,65), son 200 kilos de puro músculo...Ojo.


Algo acongojados, empezamos a bajar lentamente por la ladera siguiendo el rastro del macho y fue entonces cuando nos encontramos al resto de la familia. Eran 22, incluyendo tres crías que no paraban de dar saltos de un sitio a otro. Durante la hora que estuvimos con ellos, los animales estuvieron muy tranquilos y apenas mostraban la más mínima inquietud por nosotros. Tanto es así, que incluso alguno estaba tumbado en la maleza mientras comía. En mi opinión, la mitad del encanto era la selva: verde, densa, húmeda, agobiante. A cada paso te hundías en la maleza y tenías que apartar a manotazos las miles de ramas que había en tu camino. 

Todo depende de lo que te gusten los animales, pero la experiencia de verles comer, jugar, gruñirse y balancearse por las ramas, en su hábitat y tratando de alterarles lo menos posible, es única. 


Aparte de ver a los gorilas, estuve trabajando tres días en Kampala y he de decir que los ugandeses son gente muy amable. Sufrieron la barbarie de Idi Amin y son pobres hasta decir basta, pero intentan salir adelante de forma honrada. Un ejemplo de ello fue nuestro encuentro con la policía ugandesa. No sé si os lo había dicho antes, pero en Kenia la policía es muy corrupta y siempre que puede para a la gente para pedir dinero (hayan hecho una pirula o no). Bueno, pues a mitad de camino entre las montañas y Kampala, nos para un policía y se da la siguiente conversación con nuestro conductor:

Policía: - ¿Qué tal está su permiso de conducir? ¿Lo tiene en regla?
Conductor: - Sí, sí, está perfecto.
P.: - ¿Seguro que sí? ¿Es usted una persona de confianza? ¿Me puedo puedo fiar?
C.: - Claro que sí. Compruébelo si quiere.
P.: - No, no. Me fío de usted. Puede continuar.

Esta amabilidad y confianza ni en España, oye. Vaya tela. 


Curiosidades ugandesas:
- Muamar el Gadafi fletaba aviones casi a diario sólo para comprar fruta fresca en Uganda. Ahí queda eso.
- Si a los kenianos les gusta el fútbol, a los ugandeses les apasiona. Coincidimos con un partido del Arsenal y la ciudad entera se paralizó. ¿Sabrán estos tíos la influencia que tienen por todo el mundo?
- Había motos a tuti. Un verdadero enjambre. No llegará a las cotas de las ciudades asiáticas, pero el tráfico era tal caos que los conductores de los matatus tenían los motores apagados porque sabían que la cosa iba para (muy) largo.





Bueno, besos y abrazos para todos!

martes, 18 de noviembre de 2014

Chapati, Samosa, Ugali

Ostras pedrín, casi 15 días sin soltaros un rollo...¡Esto no puede ser!

En Septiembre/Octubre se apelotonaron todas las visitas: mi hermana y mi cuñado, tres amigos de nuestro primer máster (María, Elsa y Ángel), Elena (becaria ICEX en Rabat) y la hermana y a los padres de Myriam por aquí. Gracias a ellos nos hemos ido a la costa otra vez, al Masai, al Lago Naivasha,... La verdad es que es genial que venga tanta gente y desde tan lejos a verte (y a ver el país, claro ). ¡Gracias a todos!

Bueno, después de 10 meses dando vueltas por estas tierras (que se dice pronto), creo que ya toca hablar de comida tradicional keniana:
- Chapati: es parecida a una torta de maíz (como las utilizadas para las fajitas), pero un poco más grasienta y sabrosa. La solemos tomar como aperitivo.
- Samosa: una pequeña fritura de forma triangular que puede estar rellena de carne, verduras o queso. Espectacular como entrante.
- Ugali: es una pasta hecha de harina y agua. Sola es bastante sosa, pero si la acompañas de sukuma (una verdura parecida a la espinaca) está relativamente buena.
- Kachumbari: una ensalada a base de tomate, cebolla y pimiento. Lo gracioso es que a veces le ponen chili y otras no... "Jojojo" es lo que dices cuando te tomas un buen bocado y empiezas a llorar...
- Matoke: una especie de plátanos que cuecen, guisan con alubias o hacen papilla. Increíblemente buenos.
- Mandazi: es un dulce con un sabor parecido al de los churros.  Si lo frotas contra un muro de hormigón, puedes hacerlo transparente gracias a la grasa que suelta.
- Kashata: a pesar de su poco atractivo color rosa radioactivo, la verdad es que está bueno. Se hace en Mombasa y es una pasta de coco, azúcar y agua. 
Luego tienen algunas recetas muy sabrosas como pescado (de cualquier tipo) acompañado de arroz en salsa de coco o el famoso Nyama Choma, que es carne (principalmente de cabra), hecha a la brasa previamente marinada con curry. Por último mencionar los cacahuetes. Nada que ver con los que comemos en España. Increíbles...
Hala, ¡que os aproveche!

A ver, historietas varias. En agosto, nos bajamos al Lago Magadi. Con ese nombre, esperaba encontrar agua, pero no (¡oh contrariedad!), este lago estaba lleno de sal. Ya por el camino, me dí cuenta de que existía otra Kenia diferente a la que he había visto hasta ese momento: la desértica. Era un desierto con árboles (al que le suene a contrasentido, que venga a comprobarlo) y en vez de campos de maíz o de trigo, allí tenían campos de piedras. Cuando estábamos llegando se dieron cuenta de que el lago tenía un color rosa (yo no, claro. Los colores y yo, ya sabéis...). Al parecer el color se debe tanto al carbonato sódico que abunda en el lago, como a los miles de flamencos que lo poblaban...:) Por cierto, me enteré que el color rosa de los flamencos  es porque en su dieta se comen un mineral que es el que se lo produce. En resumen, que la visita fue chula aunque hacía demasiado calor (39 grados) lo que hacía que el agua de las fuentes termales estuviese hirviendo. Tampoco ayudó el hecho de que un masai nos amenazase con enviarnos a los guerreros si no le dábamos dinero... En fin, diferente.

A principios de septiembre nos fuimos a otra boda keniana (y van dos). Esta vez era un poco diferente. Por un lado la novia era keniana, y había estudiado ginecología en la República Dominicana. Por el otro el novio era un psicólogo italiano. Total que en la boda había 150 kenianos, 45 italianos y nosotros dos. Lo mejor fue que se mezclaron las tradiciones y tenías desde pizzas y embutidos italianos hasta danzas y cantos típicos kenianos, pasando por la música de Titanic (sí, Céline Dion) como marcha nupcial. Entre los cantos típicos estaba ése en el que las mujeres cantan a la pronta llegada del primer hijo (aquí te casas y al tema. Si rápidamente no tienes retoños es que algo no va bien...). Ojo piojo. ¿Lo más curioso? El novio tuvo que ir a casa de los padres a pagar la dote...en vacas. En este caso eran muchas vacas porque la chica había estudiado. Todo muy curioso, como siempre.

Y lo último que hicimos fue lo más turístico de todo: nos fuimos al orfanato de elefantes. Está aquí, en Nairobi, y es un centro que se dedica a recoger a los elefantes que, o bien son abandonados por sus padres, o los cazadores furtivos los han dejado huérfanos. Se cuidan hasta que tienen 4 o 5 años y entonces se intenta reintegrarlos en la vida salvaje. El espectáculo consiste en verles desayunar un biberón de leche, verles jugar y hasta tocarles cuando pasan cerca de ti. Hasta aquí todo muy bonito, pero por ahí circula la (terrible) teoría de que, al ser un sitio muy turístico, que siempre está lleno y que da bastante dinero, los guardas se dedican a ir por los parques robando a las crías para que siempre haya elefantes pequeñitos a los que ir a ver... Yo creo que no se puede desconfiar así de todo. El sitio es muy chulo y merece la pena ir a verlos. No hay que darle más vueltas.

Curiosidades:
- Supongo que los más freaks lo sabréis, pero la marca blanca que Decathlon utiliza para sus prendas para correr (Kalenji) viene de que hay una tribu en Kenia especializada en correr largas distancias, que se llama.....tatatachántachán....Kalenji. Unos cracks buscando nombres.
- El otro día, llegando a los apartamentos, el guardia de seguridad me dice que tiene que hablar conmigo de negocios. "Adelante" le contesto. "Pues mira, cada vez que quieras un taxi, me lo dices a mí, le llamo yo y así me llevo una comisión".... Estos tíos están siempre buscando negocio. Vaya fieras.
- Ayer me fui a cortar el pelo. Aquí lo cortan con peine y máquina, nada de tijeras. Hasta ahí vale. Lo gracioso es que luego de raparme (porque eso no se puede llamar cortar), me lava la cabeza y ...¡las orejas! El tío me metía el dedo que parecía que quería sacarme cera... En fin, asustado me hallo.

Besos y abrazos para todos!

martes, 4 de noviembre de 2014

Monte Kenia

¿Por qué se merece una entrada? Porque son 4.985 metros hasta la cumbre. Porque ha sido lo más duro que he hecho en mi vida. Porque la montaña da nombre al país y no al revés. Porque ha sido un reto brutal...

La expedición (nada menos) la formábamos seis kenianos (un guía, un cocinero y cuatro porteadores), tres suizos y tres españoles. Los porteadores eran para la comida y para las cosas de dos de los suizos. El resto llevábamos todas nuestras cosas a la espalda (lo digo por si había dudas...). 
Bueno, al tema. Después de darnos de comer, nos dejaron en una de las puertas de entrada al parque (llamada Naro Moru) a 2.400 metros de altura, y tras una apacible marcha de 3 o 4 horas, llegamos al campamento donde íbamos a dormir (a 3.000 metros). Hasta ese momento todo bien: risas, mucho té con azúcar y buen ánimo.

Al día siguiente salimos a las 8 de la mañana. Las primeras dos horas las hicimos atravesando un bosque verde y frondoso (como los del Norte de España, vaya). De repente el paisaje cambió y casi se nos antojaba desértico con unas plantas semejantes a cactus. La ascensión fue más dura y larga que el día anterior (unas 7-8 horas) e, incluso, nos empezó a nevar sobre los 4.000 metros. Pero bueno, conseguimos llegar al siguiente refugio (4.200m) a eso de las 3-4 de la tarde. Cenamos como jabatos (siempre comida caliente), jugamos un par de partidas de cartas y a las 19:30 nos fuimos a la cama. 




Inciso: desde que empezamos a preparar el viaje, yo estaba preocupado por el mal de altura. Da igual que te hayas preparado muy bien físicamente, si te da, has de descender sí o sí. No hay nada que puedas hacer. Bueno, pues ese día me acosté con fiebre y con el estómago haciendo de las suyas. Pero como el guía nos había dicho que lo más duro ya lo habíamos pasado, yo pensaba que lo teníamos casi hecho.....(¡y un cojón de pato!).

El último día de ascensión (lunes) nos levantamos a las 2:15 de la mañana. Nos pusimos toda la ropa de abrigo posible (estábamos a -5 grados) y empezamos a subir el último tramo. Estaba todo nevado/congelado y había puntos en que en vez de avanzar, no hacías más que resbalar hacia abajo sobre la nieve. Para ser sinceros, a 4.500-4.600m ya no podía con mi alma. No hacía más que dar vueltas en la cabeza a ver cuando les decía a mis compañeros que "Todo muy bonito, pero hasta aquí hemos llegado señores". Por pura cabezonería (esa que tanto le gusta a Myriam) seguí sufriendo como un perro y llegamos a un mini-refugio a 4.800 metros. No hay explicación, pero me allí me recuperé totalmente. Descansamos dos minutos y enfilamos hacia la cumbre. 




Toda la ascensión es muy empinada, pero la última parte es una exageración. Tenía incluso cables fijos a los que debías cogerte, porque un mal paso y bajabas 500 metros del tirón... Fue duro y cada paso costaba la vida, pero metro a metro y respirando como búfalos, hicimos cumbre. 4.985 metros.



Podríais pensar que ya estaba todo hecho, pero no. Después de hacer cumbre a eso de las 6:30 de la mañana, ver amanecer y tirar unas cuantas fotos, tuvimos que bajar 20 kilómetros (sí, 20) para llegar al sitio donde íbamos a pasar la última noche. El paisaje era precioso (valles verdes, cascadas, bosques,...dicen que Tolkien se inspiró en este paisaje para crear Rivendel), pero íbamos tan jodidos que apenas lo apreciamos. Total, llegamos muertos al campamento, devoramos la cena, charlamos 20 minutos y a dormir. Tardé como 1 minuto y 12 segundos en dormirme.

Por último, el día en que solo teníamos que montar en un todoterreno y dejarnos llevar, se convirtió en una odisea. Nos dijeron que para 32 kilómetros tardaríamos 3 horas porque la carretera estaba mal. "Qué exagerados pensé". Al final tardamos 7 horas. La peor carretera de la historia. Sólo había barro. El coche se quedó atrapado como 6 veces (y eso que los neumáticos tenían cadenas) y había que empujarlo y zarandearlo para que saliese... Para vivirlo.




En fin, una de las mejores experiencias de mi vida. Sencillamente espectacular. 


Besos y abrazos para todos!

domingo, 19 de octubre de 2014

Sawa

Aquí va otro fascículo del serial keniano...

En julio seguimos con las salidas lejos de Nairobi: primero fue una reserva privada llamada Ol Pejeta (en la que tocamos al rinoceronte Baraka), luego nos acercamos a las faldas del Monte Kenia (donde una familia de 50 babuinos se nos acercaron peligrosamente) y lo último fue volver por Naivasha (para bañarnos en cascadas de agua hirviendo)... Como veis, un poco de todo.

Y bueno, tuvimos la (esperada) segunda visita... ¡mis progenitores! Los pobres vinieron cargados como mulas de comida (lomo, queso, jamón serrano), ropa y libros,... ¡pero os podéis imaginar cómo se agradece! Aprovechando su visita, fuimos a Masai Mara por primera vez y, francamente, mereció mucho la pena. De las reservas animales en las que he estado, es la que más se acerca a la idea que uno tiene de hacer un safari por África: sabana, sol, hierba alta, miles de animales, ... Es cierto que estaba lleno de turistas (nosotros entre ellos, claro), pero fue espectacular: leones copulando (sí, me he vuelto fino), ñus cruzando el río Mara entre hipopótamos y cocodrilos, un guepardo jadeante porque acababa de cazar a una gacela, manadas de búfalos, elefantes, jirafas,... En fin, creo que os podéis hacer una idea. De vuelta en Nairobi, aprovecharon para conocer un poco la ciudad y hacerse una idea del tipo de vida que llevamos aquí. Quedaron más que encantados, así que ya sabéis, se ha abierto la veda. Todo aquel que quiera visitarnos, que empiece ya a reservar fecha....

Cambiando de tercio, la semana pasada, el nuevo analista de la oficina, me habló de la existencia de empresas que diseñan estrategias de negocio para la "base de la pirámide". Con este término se refieren a las personas que ganan un dolar (o menos) al día. Las compañías piensan: "Bueno, si hay 4.000 millones de personas que ganan esa cantidad, hay 4.000 millones de dólares que cada día buscan dueño". Tela marinera. Bueno, pues me habló de un proyecto que están pensando implantar por aquí. Se trata de vender bolsas que biodegradan las deposiciones en barrios donde sólo hay un baño por cada mil habitantes. Cada una de estas bolsas cuesta 10 céntimos (el 10% de lo que ganan), pero aún así la gente las compra. Increíble...

Por último quería hablaros de la cantidad de ropa que se vende por la calle. Puedes encontrar todas las marcas imaginables: Armani, Dolce & Gabbana, Gucci, Levi's, .... Nada nuevo si se tratase de imitaciones, pero lo extraño es que son auténticas. Se trata de ropa de segunda mano. Sí, la teoría que manejamos es que la ropa proviene de donaciones de países del primer mundo y que aquí se revende. Ojo que igual tengo alguna vieja camiseta vuestra...


Y como siempre, la sección de historias cortas:

- En todos los edificios del Gobierno hay un cartel en la entrada que reza: "This is a free corruption zone". No es por nada, pero en el momento en el que tienes la necesidad de ponerlo, es que algo no va del todo bien...
- Los kenianos no se saludan con besos (ni siquiera entre mujeres). ¿Os imagináis a dos raperos americanos saludándose, chocando las manos, y tocándose con los hombros? Pues es algo así.
- El concepto del tiempo es... diferente. Los kenianos son capaces de sentarse en cualquier sitio, durante horas, a ver la vida pasar. Me dicen que no sólo es en Kenia, que pasa en muchos lugares de África. Yo solo sé que la vida, por aquí, es más relajada.
- En Nairobi hay algún que otro semáforo, pero nadie los respeta. Al principio me cabreaba, pero me cambió la perspectiva cuando leí una carta al director de un periódico que decía: "Gracias al alcalde por poner semáforos. No sé para qué sirven, pero son bonitos y nos hacen parecer una ciudad moderna". Pues eso.


Se va acercando el final de esta aventura. Habrá que seguir aprovechando... 

En fin, besos y abrazos para todos.

P.D.: Lo de Sawa del título significa "Vale, OK, Entendido, De acuerdo". Lo habéis pillado, ¿no?... Sawa. 

martes, 14 de octubre de 2014

Mambo/Poa

¡Ostras!, cómo pasa el tiempo. Dos meses para que se acabe mi estancia en Kenia... Bueno, ¡a escribir!

Para empezar, hace tres semanas nos fuimos a hacer rafting al río Tana. Sí, lo sé, no es lo más keniano del mundo, pero nos entró el gusanillo de probarlo. Como acababa de pasar la época de lluvias, el caudal era generoso y andábamos algo acojonadillos. Myriam, que es una valiente, se puso bien delante en la lancha (y se caló como una campeona, claro). Tuvimos cascadas, remolinos, rápidos, caídas, dientes rotos, barbacoa, ingleses borrachos,... no faltó de nada. Y hacía el final del recorrido, me llamó la atención un mono muerto que colgaba de un árbol. Cuando le pregunté al guía la razón, me dijo que los lugareños lo colgaban ahí para disuadir al resto de la manada de seguir robando semillas. Sí, en Kenia los animales son considerados alimañas a las que hay que matar. No se salva ni uno...

La otra excursión la hicimos a un volcán (extinguido, creo) llamado Longonot. Al pensar en volcanes se me venía a la mente (aparte de la sempiterna lava) la imagen de un cráter árido, seco y pedregoso. Pues no. Tanto la falda del volcán, como el interior del cráter, estaban llenos de vegetación. Es más, había cebras, búfalos, jirafas, monos y se cree que, incluso, hasta leopardos (tela). Bueno, que subimos hasta el borde del cráter y lo bordeamos entero. La verdad es que es de las cosas más bonitas y duras que he hecho en montaña.

Hará unos 15 días tuvimos la suerte de estar en una comida con directivos tanto de ONG's como de la empresa privada, además de funcionarios de la empresa pública. De todo lo que se habló, voy a contar un par de anécdotas que ilustran cómo están las cosas por África del Este:
- En Juba, capital de Sudán del Sur, han decidido poner impuestos a los bienes humanitarios que entren en el país (!!). 
- También en Juba, los policías/militares suelen confiscar los coches de las ONG's. Cuando la ONG protesta e intenta recuperarlos, se encuentra con que los vehículos están cubiertos de barro (no hay dinero para pintarlo) y es imposible identificarlos.
- Los empresarios en Kenia suelen decir que lo que ha cambiado con la llegada de la democracia es que "En vez de sobornar a uno, tengo que sobornar a 20". 
- Nestlé quiso entrar en Kenia y montar una fábrica, pero le bloquearon el permiso durante dos años. En ese tiempo Uhuru montó su propia empresa (Brookside) y le comió todo el mercado a Nestlé.
- ...

Pasando a cosas del día a día en Nairobi, no sé porqué no os he hablado antes del Parque Uhuru. Al principio pensaba que se llamaba así por el actual presidente (en otra muestra más del afán por cultivar su imagen) pero no, uhuru significa libertad en suahili (así que me la tuve que envainar). Le pusieron ese nombre al parque cuando se independizaron de Gran Bretaña. Bueno, al lío. El parque está lleno de unos pájaros llamados marabús, que aparte de ser gigantes, son feos a más no poder. Da miedo acercarte a un árbol y ver que las ramas se comban con el peso de esos 10 bichos que te miran con su cráneo despeluchado... ¡¿Y qué decir de las alambradas de espino que rodean el parque?! Perfectas para que los niños jueguen cerca... En fin, que el parque "Libertad" da un poco de cosilla.


Curiosidades varias:

- Como ya he dicho, se ha acabado la época de lluvias (que no fue de proporciones bíblicas como me temía) y ha llegado el frío. A ver, hace fresquete, pero es que van por la calle con mantas sobre los hombros. Angelitos...
- Otro amigo del ICEX, Jorge, que está en Turquía, me contó que le tocó ir a Azerbaiyán (una dictadura de facto) y que cortaban el tráfico para que el presidente pasase. Aquí, hasta prohíben a los peatones caminar por la acera cuando pasa el Presidente Uhuru. 

- No sé porqué, pero antes de venir para tierras africanas, tenía la idea de que los kenianos eran tipos altos y fuertes. Y francamente, en general son bastante bajitos. Muy poca cosa, vaya......


Bueno, ya os seguiré contando cosas de Kenia.

martes, 7 de octubre de 2014

Kwaheri Juan

Hace unos meses vino Juan (un compañero de beca) a visitarnos desde Moscú, así que para darle la bienvenida, nos fuimos a la costa, a la isla de Lamu. ¿Y qué queréis que os diga? Esta vez no era un paraíso de aguas cristalinas y playas de arena blanca, pero resultó más que interesante. Se trata de un pueblo de pescadores de mayoría musulmana (con 23 mezquitas nada menos) con influencia árabe, persa, swahili y portuguesa, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. 

Total, que el sábado por la mañana estábamos aterrizando en el aeródromo de la isla de al lado, que tenía una pista muy, pero que MUY, corta (apichonados es poco). Cruzamos en barca un canal y voilà, Lamu ante nosotros. Lo primero que hizimos fue coger un barco de vela, llamado dhow, y ver el atardecer navegando entre las islas. Luego nos tomamos una cerveza mientras nos bañábamos en la piscina del hotel y para rematar el día nos fuimos a cenar cangrejo. ¿Que qué tal estaba? Sólo voy a decir que lloro al recordarlo... 
Al día siguiente, en el  mismo dhow, salimos a navegar de nuevo. Nos movimos entre manglares, hicimos snorkeling y nos dieron de comer, en el mismo barco, los peces que habían conseguido pescar acompañado de arroz con salsa de coco.
A pesar de cómo suena todo esto, una de las cosas que más me gustaron fue ir caminando por la noche entre las estrechas callejuelas del pueblo, oír los cascos de un burro, esperar a que pase y ver que va solo, vamos, que está dando una vuelta por la noche, que es cuando refresca... Claro, se me olvidaba decirlo: Lamu no tiene ni un sólo coche, pero sí más 3.000 burros... 

Bueno, más cosas. Al final me fui por trabajo tres días a Dar es Salaam, Tanzania... Madre de Dios. Y yo que pensaba que Nairobi necesitaba desarrollarse. ¡Qué desastre de ciudad! Horas de atascos, basura allá por donde mirases, un bochorno espantoso, calles de arena que parecían dunas del París-Dakar,... No me gusta ser tan negativo, pero es que cuando pienso en ella se ve viene la palabra "agujero" a la cabeza... 

Por cierto, eso de las calles no asfaltadas de Dar es Salaam me ha recordado una cosa sobre los todoterrenos. Sí en algún sitio son útiles esos bichos es en África. No en las calles bien asfaltadas de las ciudades europeas, no. Aquí. 

A otra cosa mariposa. El fin de semana pasado, mi compañera de trabajo Fraciah, nos invitó a una fiesta a su casa. No estábamos muy por la labor, pero nos acercamos. Al llegar, resulta que no era lo que pensábamos (gente joven, copas, música), si no que su hermana se iba a casar y era la "fiesta" donde sus padres les decían a los amigos que su hija se casaba. ¡Otra preboda! Ojo que está también vino con novedades sobre el carácter kenaino. 

Para empezar la novia se enteró esa misma mañana que había una fiesta en su honor y a la mitad de los invitados no los conocía ni ella ni Fraciah. Pero bueno, vamos a lo interesante. Al llegar, Fraciah nos presentó a su padre. Éste me dijo que había estado en Fuengirola, Málaga y Mallorca. Y claro, yo le pregunté a Fraciah que cuando había estado: "Pues no lo sé la verdad. Creo que cuando era joven." Ostras, me digo, qué raro que no se lo haya preguntado nunca...A todo esto, veo a una señora mayor entre los invitados y le pregunto a Fraciah:
- ¿Quién es?
- Mi abuela
- Oh, ¿y cuántos años tiene? (Aquí no es ofensivo preguntar, tranquilos.)
- Pues no lo sé. Es una buena pregunta para hacerle... (A estas alturas, yo ya estaba con cara de póker, claro). Es que los kenianos no le damos mucha importancia a los cumpleaños. De hecho, hace tres semanas fue mi cumpleaños, mis padres no me felicitaron, mis amigos tampoco y mi hermana sí, pero sólo porque lo vió en Facebook...¡La madre que los parió!....

Pero bueno, la verdad es que nos hicieron sentir como si fuéramos de la familia (y eso que la nota de color la poníamos nosotros). Incluso nos pidieron perdón por dar un discurso en kikuyu (un dialecto tribal) y no en inglés. En fin. Seguimos acumulando experiencias...
  
Historias breves:
- Hace no tanto Julia (otra compañera becaria), me contaba desde Milán que era un horror salir a la calle, que hasta los perroflautas iban bien vestidos. Claro, yo esbozaba media sonrisa. A los kenianos, con tal de ir tapados, el resto les da exactamente igual. Así que, tan tirado como salgo a la calle aquí, ni en la playa de vacaciones oye...¡un lujo!  
- El otro día a Myriam, en el orfanato, una keniana le preguntó si era europea. "Sí, claro" le respondió. "Ah, pues es que estaba pensando en estudiar en Holanda y no sé si tú me podrías pasar el programa de estudios de la universidad de...". A los kenianos con Europa, les pasa lo mismo que a nosotros con África, pensamos que es todo lo mismo.
- A los blancos, los kenianos nos llaman Rangi ya thao. Más o menos significa que nuestra piel (blanca) tiene el color de los billetes de mil chelines. Vamos, que nos ven como dinero andante.

Bueno, la próxima semana otro cuento.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Etiopía

¿Que por qué Etiopía se merece una visita? Porque es el único país de África que tiene Historia tal y cómo nosotros lo entendemos (castillos medievales, monasterios de 200 años en medio de un lago, iglesias excavadas en la roca de 900 años de antigüedad, ...). ¿Que a quién le importa la Historia? A mí, que para eso soy historiador. Y punto pelota.


Total, la aventura fue sólo de 5 días, así que había que aprovechar. Aterrizamos un jueves por la noche en Addis Abeba temiendo un frío espantoso (que para eso está a 2.500 metros de altitud), pero hacía hasta calor. Evidentemente, y con lo freak que soy, me dí cuenta de que esos taxis no eran normales. Eran Ladas soviéticos que soltaban más humo por las rejillas del aire acondicionado que por el tubo de escape. ¿Explicación? En Etiopía, tras el derrocamiento del dictador Haile Selassie, se instauró otra dictadura, esta vez comunista. Evidentemente, se alió con la URSS y ésta le suministró armamento y ya de paso, muchos otros bienes. Cuando el régimen cayó, les quedaron los Ladas. Ojo, que con 40 años todavía se mueven... Bueno, al lío. Para nuestra primera noche etíope, nos fuimos a dormir al Taitu, el hotel más antiguo de la ciudad. Andaba yo dándole la chapa a Myriam sobre la cantidad de historias que habrían ocurrido en el hotel cuando, al abrir la cama, vimos varios bichos paseando tranquilamente entre las sábanas. Decidimos dejarles descansar y dormir sobre la colcha (¿para qué molestarles con mis historias?)...



Al día siguiente, alquilamos un Toyota Land Cruiser con conductor y enfilamos hacia el norte. Nos llamó la atención que apenas había coches en la carretera. Miles de personas caminando, llevando el ganado de un sitio a otro o vendiendo lo que fuera en el arcén, pero nada de coches. Era la única carretera que iba de Addis Abeba hacia la ciudad de Bahir Dar. No hay más. Ni cruces ni caminos de tierra que salgan de ella. Nada. Si la coges, ya sabes al único sitio al que puedes llegar. La leche. 
Por cierto, un todoterreno con conductor es indispensable. El nuestro, Gatham, estuvo a punto de llevarse un burro y un par de ovejas por delante, pero es que si hubiéramos conducido nosotros, habríamos cenado carne todos los días... y en abundancia. Es que lo de los animales es espectacular. Hay cientos de miles de vacas, burros, ovejas y cabras y no están tan delgados como se podría imaginar. Pero claro, hay unos 90 millones de etíopes... muchas bocas que alimentar. 

Y llegamos a Bahir Dar. Lo más interesante fueron los monasterios que estaban alrededor del inmenso lago Tana. La mayoría no son muy espectaculares (circulares y hechos con bloques de cemento), pero los que estaban aislados en dos diminutas islas en el medio del lago, sí que merecían la pena. En uno de ellos, vivían monjes y monjas juntos (pero no revueltos, espero) y en su museo destacaban unos libros viejos, unos vestidos ceremoniales y una piel gigante de serpiente (¿?). En el otro, sólo había hombres y las mujeres no podían visitarlo. Lo que nos llamó la atención es que sólo comían carne dos veces al año: el Domingo de Resurreción y el Día de Navidad. Había una oveja balando como loca y claro, nos dimos cuenta de que la pobre se olía que era víspera de comilona...

Ese mismo día, y viendo que Bahir Dar no daba para más, nos fuimos a la ciudad de Gondar. Sí, suena parecido a la ciudad del Señor de los Anillos. No, no había orcos. Sí, había un castillo (de hecho 7). Y no, no tenía un árbol blanco por ninguna parte (y mira que lo busqué)... Después de esta retahíla freak (y van dos), os cuento que la ciudad resultó bastante interesante. Tenía 7 castillos porque cada uno de los reyes que gobernó quiso hacerse el suyo propio (no como en Europa, que el castillo solía pasar de padre a hijo). Por la noche, aprovechando que era Sábado Santo, decidimos dar un paseo después de cenar y ver si los etíopes lo celebraban de alguna manera o no. De pura casualidad, entramos en el recinto de una iglesia y nos invitaron a formar parte de la ceremonia que estaban celebrando. A Myriam la sentaron aparte, con el resto de las mujeres, pero a mí me dieron una vela y me indicaron que podía dar vueltas alrededor del templo siguiendo a la cruz con ellos... Es difícil explicarlo, pero teníamos la sensación de formar parte de algo íntimo, algo que quizá no deberíamos estar viendo... Una suerte, la verdad.

Y por fin el domingo por la tarde nos dirigimos a la última etapa del viaje: Lalibela. Una ciudad perdida en las montañas a la que se llega atravesando un desierto y tras 7 horas metidos en el coche. ¿Que qué narices se nos había perdido allí? Bueno, queríamos ver sus 13 iglesias excavadas en roca viva con más de 900 años de antigüedad. La verdad es que son alucinantes. Están cinceladas a partir de un único bloque y su acabado es muy limpio, pulido al detalle. Tienen todo tipo de formas, pero la que más me impresionó fue la de Biet Ghiorgis (San Jorge) con el techo en forma de cruz griega, a ras de suelo, y 15 metros de profundidad. Muchas están comunicadas entre sí por túneles, lo que convierte todo el complejo en un laberinto de cuidado. Lo bonito es que las iglesias se siguen utilizando y el último día nos levantamos a las 5:30 para ver como dan misa. Los fieles se visten de blanco y se dispersan alrededor de las iglesias para rezar. Una imagen muy bonita. 

Curiosidades etíopes:
- ¿Que no tengo sitio dentro del camión para la oveja? No pasa nada. La pongo encima del trailer y a correr. Ojo, sin ataduras. Si el camión frenaba, la oveja comía asfalto. 
- Como en tantos otros sitios del mundo, se come con las manos y le ponen picante a todo. A ver, muy sabroso, pero al quinto día rezas por una ensalada normal y corriente que no te abrase la lengua...
- El idioma es el amárico (muy difícil de hablarlo, parecido al árabe) y tienen su propio alfabeto, lo que no les ayuda a abrirse al mundo. Claro que tampoco sé si les interesa...
- Los etíopes son cristianos ortodoxos, pero llevan cientos de años sin influencias externas de ningún tipo, por lo que me da que tienen su propia versión de la religión cristiana.  
- Al final no pude evitar los bichos. En Lalibela nos tuvimos que descalzar para ver el interior de las iglesias y, por supuesto, una pulga se hizo mi amiga. Me picó 35 veces. Contadas.


La próxima semana, otra historia.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Apana, apana, apana

Eo!, ha pasado casi ha pasado un mes sin que os dé la morga...

Se nos ocurrió visitar el Masai Market (ideado para turistas). Fueron tan pesados que se ganaron a pulso que titulara este mail gracias a ellos. "Apana" significa "No". Es más, pesados se queda corto: no dejaban de hablarte, de tocarte, de ofrecerte de todo, de cogerte de la mano e, incluso, nos empezaron a "escoltar" (dos delante y dos detrás) para decirnos donde comprar y donde no. Ya sabéis la fama que arrastro. Me paré, miré a uno a los ojos y le dije: "O nos dejas en paz o nos vamos de aquí y le decimos a todos nuestros amigos mzungus que no vengan nunca." Resultó bastante efectivo oye. Desaparecieron todos, compré una manta masai (que ya tenía fichada de hacía tiempo) y nos fuimos de allí echando virutas.

Nairobi también ofrece algo de naturaleza. Aparte del Nairobi National Park (donde puedes ver jirafas, gacelas, leones, avestruces, cebras, rinocerontes y demás fauna nativa), tenemos un bosque llamado Karura. ¿Que qué tiene de especial? A ver, es gigante, salvaje, tiene monos, una cascada, un río, un poblado donde viven los rangers del parque con sus AK-47 a la espalda y unas cuevas donde vivían los Mau Mau (unos kenianos rastafari que lucharon contra el colonialismo del Imperio Británico). Así de primeras, como que suena bien, ¿no?

Más cosas. Hace un par de semanas, íbamos Myriam y yo al centro de Nairobi en matatu, junto a un amigo mexicano, cuando un policía decide pararnos. Primero comprueba cuantos vamos, por si somos demasiados. Chasco para el policía, somos 14 cuando podríamos ser hasta 15. Segundo, comprueba si teníamos seguro y de nuevo chasco, todo en orden. Ya por fin, argumenta que no llevábamos el cinturón puesto (no os imagináis el estado de los cinturones. El mío hice como que me lo ponía y me dejó una mancha indeleble de porquería que hace que casi queme la camiseta). Y claro, pudo llevarse su soborno a gusto. Más tarde, nos contó el mexicano que si no llegamos a estar los tres mzungus en la furgoneta, la práctica habitual es que te pare la policía, diga tres tonterías, le des el dinero delante de todo el mundo y ¡hala!, a otra cosa mariposa.

Una del carácter keniano. Hace tres semanas, entré al despacho de uno de los kenianos, Albert. Como entré con ímpetu, me pegué una leche con la puerta en el cabezón que me dejó más tonto que de costumbre. Lo curioso es que el keniano me dijo: "Sorry! Sorry!", como si hubiera sido su culpa. Y no es el único, un día me tropecé por la calle y el que iba a mi lado, me dijo lo mismo. No sé si será por herencia británica, pero los kenianos son bastante empáticos.

Allá por mayo pasamos por la época de lluvias. No estuvo tan mal. Me espera monzones terribles, la gente en barca por las calles,... Al final solía llover de madrugada, así que cuando salía de casa ya había parado y el resto del día con nubes y claros... Sobrevivimos. De todas formas, el clima es tan benigno por aquí, que los árboles dan frutos varias veces al año. Vamos, que tenemos mangos y aguacates sabrosos a diario.

Allá por junio, fuimos a la boda de un compañero de Oficina. Pensaba que me iba a encontrar con las costumbre más profundas de los kenianos. En mi cabeza veía lanzas, pieles de león, gente saltando rítmicamente, máscaras, cantos tribales... Decepción enorme. Lo más destacable fue que la misa evangélica duró dos horas largas, que la novia estaba embarazada de 8 meses (casi golazo), que el cura pregunto 8 veces si estaban seguros de querer casarse (a cada uno) y que a la hora de comer (buffet libre) no hace falta esperar a los novios. Los novios se tiran 3 horas con las fotos postboda, así que todo el mundo come y cuando ellos vuelven, la diversión es mirar cómo comen ellos. Tela.

La semana que viene, más.

martes, 26 de agosto de 2014

Karibu Myriam

¡Ya no estoy solo! Nos ha costado un tiempo, pero ya tengo a mi bibi (mujer) disfrutando conmigo de esta aventura. Desde que llegó ha estado asombrada por todo: la gente, la ciudad, el paisaje, la forma de tomarse la vida,... Pero bueno, ya le está cogiendo el pulso a la ciudad y a sus habitantes. Como dicen por aquí, pole pole (despacio, despacio).

Aún así, y para suavizarle un poco la llegada, al poco de llegar nos fuimos a la costa. El mismo día que viajábamos salí tarde del trabajo así que el taxista tuvo que ir a toda leche para que pudiésemos coger el vuelo (cosa que logramos por 3 minutos contados, corriendo por la pista como en una película de acción cutre). 45 minutos después, asomábamos la nariz por Mombasa. Nada más llegar, bofetón: 35 grados y 80% de humedad. A punto de derretirnos, cogimos un taxi, atravesamos la ciudad y tras casi una hora y media llegamos a Diani Beach. No teníamos hotel reservado y pasamos un mal rato hasta que logramos encontrar algo para dormir. Mal empezábamos el fin de semana de relax...


El sábado se arregló. Por la mañana salimos en barco a bucear por un arrecife (pulpos, rayas, miles de peces de colores e, incluso, delfines). Poco después, nos dejaron media hora en un islote de arena blanca en medio del mar y a la hora de comer nos llevaron a una isla llamada Wasini donde nos hicieron una típica comida swahili con marisco y arroz con coco. Tras la siesta, nos fuimos caminando por la costa hacía Mkwiro (el pueblo donde nos alojábamos) mientras la marea subía poco a poco y nos llegaba a las rodillas. Para rematar nos quedamos a dormir en un hotel cuyas habitaciones, prácticamente, colgaban sobre el agua.

El domingo volvimos al continente, nos metimos en un coche dos horas para ir a Mombasa, comimos, admiramos su decadencia y de vuelta a Nairobi.

En definitiva, sé que el paraíso está en el Caribe (República Dominicana, Puerto Rico, México) o en el Sudeste Asiático (Tailandia, Vietnam, Filipinas, Indonesia), pero me alegra saber que han abierto una pequeña oficina en la costa de Kenia...


A otra cosa mariposa. El mismo día que llegaba Myriam jugué un partido de tenis con mi compañero de beca. Nos fuimos al Impala Club, cuyas pistas son de tierra batida (la misma superficie que Roland Garros). Hasta aquí los parecidos. Cuando llegamos a la pista, justo acababan de jugar un partido y no se veían las líneas ni de casualidad. En esto que se acerca un rafiki (amigo) y se pone a repintarlas (a ojo de buen cubero) soltando cal a través de un carrito. Le quedó, más o menos, un trapecio. Pero bueno, le pusimos buena voluntad, dimos unos cuantos pelotazos y liberé algo de la tensión de la espera...


Otro tema del que hacía tiempo que quería hablar es el fútbol. Está claro que es un lenguaje universal y desde luego que los kenianos lo hablan muy bien. Son la leche, lo adoran. Tras largas y sesudas conversaciones con taxistas hay una conclusión clara: la Premier League arrasa. Todos son seguidores de un equipo inglés, ya sea Arsenal (gran triunfador), Chelsea, Liverpool o Manchester United. La Liga española está muy, muy lejos: conocen al Madrid, al Barça y poco más. Eso sí, se ven muchísimas camisetas del Barça por la calle. Tantas que quise indagar la razón y encontré una teoría. Sin ánimo de querer iniciar polémicas, al parecer la fundación del Barça reparte camisetas para que haya más seguidores culés por el mundo y de ahí que haya muchos con el 8 de Iniesta a la espalda. Esta información me la ha dado un acérrimo seguidor del Espanyol, así que igual, fiable del todo, no es...


Curiosidades varias:

- En Mombasa vimos un partido de fútbol callejero entre niños. Muchos de ellos iban descalzos y el campo (de tierra) estaba lleno de piedras como puños. Lo que llamaba la atención es que uno de ellos hacía de árbitro y los otros le respetaban las decisiones que tomaba sin armarle ni la más mínima bronca. Lo que nos queda por aprender...
- Le tienen pánico al dolor de garganta. Tanto es así que si a un keniano le duele la garganta, se lo dice al jefe y se va para casa como si tuviera 40 de fiebre. Es más, cuando beben agua, ya podemos estar a 30 grados, que nunca la toman fría. Como mucho, mezclan al 50% agua fría y caliente.
- Las gallinas y las cabras andan por los parques como si fueran gorriones. Aquí todo es a lo grande...
- El avión de vuelta de Mombasa salía a las 20:30. A las 20:20 estábamos todos los pasajeros montados. ¿Para qué esperar? A las 20:25 ya estábamos volando.


A ver qué nos depara la semana que viene...

lunes, 11 de agosto de 2014

Haraka, haraka, haina baraka

"Haraka, haraka, haina baraka" es una de las frases básicas que hay que memorizar en swahili para evitarte sustos al coger un matatu o una boda boda. Significa "Rápido, rápido, no hay bendición". Ahí queda eso.

Esta vez me centraré en sociología keniana. Vamos que nos vamos...

Al poco de llegar, tuve la oportunidad de conversar con un keniano mientras cenábamos en un bar abarrotado de expatriados. Era un tío formado: había estado dos años estudiando en Dinamarca y había hecho un máster en Inglaterra. Bueno, pues hablamos de los más diversos temas (viajes, fútbol, trabajo, seguridad) hasta que desembocamos en el que más me interesaba: política. Le dejé hablar un poco de teoría política y luego fui a degüello: "¿Qué opinas de la política de Kenia? ¿De sus políticos? ¿De la corrupción?" Ni corto ni perezoso: "A Kenia le hace falta un dictador. Alguien que ajuste cuentas con los políticos corruptos, que meta en cintura a la policía que extorsiona, que haga cumplir las leyes,... Mano dura." Ojo con los kenianos. Tonterías las justas.



Otro tema: comunicación gestual. En este país apenas se habla, todo se hace por gestos. Por ejemplo, se acerca una matatu y el que cobra se asoma a la ventanilla y te interroga levantando el mentón y con la palma hacia arriba. Tú le indicas uno con el índice y para dentro. Después de un par de minutos de cortesía (debe ser para que busques la pasta, como si no la llevases preparada desde que has salido de casa) te toca en el hombro indicándote que quiere cobrarte. Puedes pagar de 30 a 50 chelines (de 25 a 40 céntimos de euro), dependiendo de si llueve, del tráfico o de si te ven cara de asustado. Por último, cuando quieres bajar, o le tocas en el hombro al que cobra o das dos golpes contra la ventanilla y ale, para fuera. Visto y no visto.

Un martes cualquiera fui a la Embajada de España en Nairobi y me metí a la sesión de cine español que organizan dos veces al mes, en ese caso "Camarón". Lo realmente interesante fue la tertulia de después: los kenianos se preguntaban si en España hablábamos con ese acento (decían que no habían entendido nada, que si no llega a ser por los subtítulos en inglés no pillan una), que por qué enterrábamos a los muertos en nichos y no bajo tierra, que por qué nos besábamos los hombres al saludarnos (que si le dábamos a la carne y al pescado, vamos),... Y allí estaba yo, único español en la sala, lidiando con esos Miuras como buenamente podía. No sé, me resultó sorprendente estar con 15 kenianos viendo una película sobre Camarón de la Isla y tratando de hablar, en castellano, sobre la cultura española...




Hoy he venido en matatu. Llovía. 50 chelines por viaje. A mitad de camino paramos en una gasolinera a inflar las ruedas y al poco de llegar a mi parada, el conductor decidió saltarse un atasco subiendo dos ruedas a la acera y acojonando al personal. Hasta aquí todo normal. Lo que me llamó la atención fue el programa de radio. Estaban hablando de que las mujeres se inyectan drogas y se dan cremas para tener las caderas y el culo...¡más grandes! De hecho, llamó un radioyente para decir que las mujeres debían tener cuidado, que qué pasaría si se pinchaban y aquello crecía incontrolablemente... Oye, igualito que en España.



En el siguiente post, ya no estaré solo...